Meditación en movimiento (testimonio) por Desam. Ferrández

No voy a hablar de qué es la meditación ni de cómo hacerla ya que hay mucha información sobre el tema. Cada uno medita a su ritmo y, con la práctica,  personaliza su estado idóneo para poder encontrar la calma.

Si diré que, para mí, meditar es conectar con mi interior y no siempre me es posible ya que hay a veces que la mente “la loca de la casa como decía Santa Teresa” está muy activa y ni parando la puedo detener, sin embargo hay otras veces que nada más ponerme en posición, cierro los ojos conectando rápidamente conmigo y no importa lo que hay afuera, porque me aíslo de tal manera que no existe nada más que ese instante de conexión con mi interior, ese momento bello, único e irrepetible, porque, da igual las veces que medite, cada vez es diferente. A veces sueño, otras creo un proyecto, otras me voy de viaje y otras simplemente me quedo mirando la luz interna, esa luz que aun sabiendo que está ahí cuando la veo me cautiva y por mis ojos resbalan lánguidas lágrimas de gratitud y de felicidad, por poder disfrutar de este estado tan maravilloso.

Con esto no quiere decir que como yo medito es como se ha de meditar, con esto solo cuento mi forma de hacerlo, qué es otra más entre miles de maneras.

Camino a montserratLa meditación en movimiento es algo que me gusta mucho y que práctico con cierta regularidad y es simplemente vivir ese instante, dando un paso y poniendo plena atención en los detalles más mínimos, en esos que nuestro día a día pasan desapercibidos, cuando hago esta meditación veo hasta la diminuta hormiguita, aprecio la luz, el color se intensifica y observo todo detalle por pequeño que sea.

Voy a relatar parte de un camino que hice en pascua.

Es una meditación en movimiento al recorrer el último tramo del camino qué va a Montserrat, hubieron momentos muy preciosos, momentos de silencio y de interiorización, sin embargo el más impactante fue el último trecho, la subida al monasterio, sabíamos que era duro, empinado y que teníamos que ascender con un desnivel importante en pocos metros, era roca no había pista, doy gracias a esas magníficas escaleras naturales que nos encontramos por el camino, que ni el hombre las podría hacer igual, el camino estaba lleno de piedras sueltas dónde era importante asentar bien el pie para no dar un traspiés, sin prisa caminábamos, cuando teníamos que descansar parábamos, comíamos algo, bebíamos y seguíamos.

Solo veíamos rocas, piedras altas enormes y poderosas, pude conectar con ellas y sentir toda su fuerza. Apreciando su magnitud, ellas me decían que eran más importantes que el propio monasterio, sin embargo no lo decían de forma altiva o prepotente, solo me lo decían para que me diera permiso en sentir cada segundo de esta ruta, aunque nuestra meta era el monasterio.

En este camino me di cuenta de muchas cosas, una muy importante que el destino o la meta no es lo realmente importante, lo que de verdad importa es el camino, como lo vivas, cómo lo sientas y cómo crezcas en él.

Aquí en un momento dado agradecí hasta las piedras, si, hasta las preciosas piedras, agradeciendo porque han decidido estar en ese sitio y hacer lo que hacen, para que yo pueda poner mis pies sobre ellas, eso es humildad, han querido vivir en esta vida para estar debajo de los pies de los demás, han elegido este sitio para también ellas poder hacer su camino, así es que les agradecí por soportar mi peso, porque aunque mis pies intentarán ser livianos y no hacerles daño, el peso del resto de mi cuerpo descansaba sobre ellas, sobre todas y cada una de las piedras que pasaron por debajo de mis pies, hubo una piedrita negra que llamó mi atención, la cogí, la mire, me gustó, me la puse el bolsillo y pensé para mi casa que estás muy linda, al cabo de los metros cuando yo ya no me acordaba de esta piedra, me llamo y me dijo para que me quieres en tu casa, ¿Para ponerme en una vitrina? ¿Para estar encerrada en una jaula cómo se encierran a las mascotas? ¿De verdad crees que yo he venido para que tú me encierras? ¿De verdad crees que no es aquí donde debo de estar? entonces fui consciente de lo que iba a hacer y la solté, la libere en su camino, eso si la solté unos metros más arriba. Me imaginé que de repente vivía en un mundo de gigantes y que me habían visto pasar, que yo les llamaba la atención porque era pequeña y me cogían para encerrarme en una jaula por ser diferente a ellos, le doy gracias a la piedra por ofrecerme otra enseñanza más, quién soy yo para quitar una piedra de un Lugar, yo, humana empeñada en llevarme recuerdos, ¡NO! esto ya es  pasado, ahora ya no lo vivo así, ya no lo puedo permitir, hay libertad para mí y para el resto. Ni corto flores ni cojo piedras.

En los caminos, como en el día a día, hay muchas enseñanzas, depende de nosotros si queremos aprenderlas o repetir tramos del camino.

Ha sido mi primer camino, sin embargo me ha gustado tanto que seguro recorro más de uno, así es que se preparen los caminos que igual me hago peregrina.

En este viaje ha habido de todo, horas y horas de silencio, conexión total con mi compañero de camino y con la naturaleza, entrábamos en un bosquecito y sin decirnos nada nos callábamos En ningún momento nos hizo falta decir al compañero necesito silencio ya que los dos íbamos en la misma sintonía, en la misma frecuencia, curiosamente y sin decírnoslo estábamos pensando en lo mismo. Esto también es meditación, escuchar lo que el cuerpo necesita, desprenderme del chaleco del miedo y cogerme del bastón de la confianza, para vivir intensamente ese corto segundo, que pasa rápido y no se repite.

Te doy gracias a ti por invertir tu tiempo en estas letras, que aunque no es más que una historia, esta vivida desde la contemplación y la veneración a la naturaleza a través del corazón.

Desam. Ferrández

 

 

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