Visita al hospital de indígenas y las distintas miradas

22 de agosto de 2018, Desam. Ferrández. Limpio, Paraguay

Preparados para la acción

Esa mañana del martes nos despertamos felices porque ¡por fin! es el día en que vamos a visitar el hospital de indígenas de la ciudad de Limpio con un grupo de jóvenes de segundo año del colegio San Enrique de Ossó del barrio de San Jorge. Por el frío, en lugar de llevar ensalada de frutas que habíamos pensado en principio, llevamos cocido (bebida caliente preparada con mate y hierbas) junto galletitas secas o “de cuartel”.

Al amanecer un trueno interminable nos envuelve, pienso ¿para qué hoy se me presenta un día así de aciago?, ¿será para que nos sonrían con más facilidad?, ¿o será para qué…? bueno voy a dejar de imaginar para qué hoy el universo me regala este día y voy a vivir lo que venga sin expectativas, observando y observándome que es al final de lo que se trata: sentir.

Nos encontramos todos en el colegio, el grupo esta constituido por seis alumnos, Katia la psicóloga del cole, Susana, una profesora, Perla una trabajadora del cole, Javier nuestro compañero de casa, Jose y yo, Desam. En total somos 12 personitas con una misma ilusión, servir por un día en el hospital de indígenas.

La visita ha resultado super interesante, hemos disfrutado de unas risas en el colectivo y de un muy buen rollo durante el tiempo gastado en los trayectos de ida y vuelta. Diez puntos para los jóvenes y otros 10 para el resto de compañeros. Al volver del hospital, nada más llegar al colegio, hicimos una pequeña reunión para comentar nuestras primeras impresiones. En nuestras caras se refleja la satisfacción de nuestras almas. Todos ellos coinciden en lo bien que se han sentido, incluso para los que ha sido su primera experiencia en un propósito solidario, quieren repetirla y, a ser posible, Unos comentan sus emociones encontradas, tristeza con una mezcla de impotencia al ver a tantos enfermos y acompañantes que pasan por tanta necesidad, a la vez que sienten felicidad por ver que los niños estaban alegres de vernos, por recibir visitas inesperadas y algún juguete. También se sienten muy bien porque das un poquito de alegría y “un poquito de lo que vos tenis”.

La comunicación fue desesperante para más de uno, porque no entendían parte de lo que hablaban por ser un dialecto diferente aunque alguno pudo regular esa traba con el guaraní, ya que además de su dialecto también entendían guaraní, para mí resultó más complicado ya que no hablo ni entiendo el guaraní. Al entregar un caleidoscopio a una niña, intento que con mímica entendiera lo que tenia que hacer, la niña me miraba con cara de no entender mis gestos y al no poder hacerme entender, supliqué a Perla para que viniera en mi ayuda y le explicara a la peque y a su madre lo que tenían que hacer para ver las imágenes que se ven a través del curioso artefacto. Justo antes de irnos me encontré a dos mujeres en un pasillo e intenté comunicarme con la misma insistencia que en el caso anterior, ofreciendo el producto que habíamos llevado ¿quieres cocido con leche?, no me entienden y vuelvo con los vasitos mientras informo por cuarta vez de lo que es y, ya con desesperación de no poder comunicarme con nadie, llamé a Perlita, ¡por favor, tradúcelo! A la próxima vez llevaré un traductor.

Susana nos cuenta su experiencia con un niño que le pidió sus guantes tenázmente, le  costó desprenderse de ellos pero pensó “yo tengo la posibilidad de comprar otro par de guantes”, mientras se fijaba en que estas personas no tenían “calzas”, que están descalzas, y si es cierto que nosotros tenemos frío, ¿qué tendrán ellos que están con una remerita o un shortcito?

Diego nos comenta que al ir estaba un poco asustado porque no sabía como iban a reaccionar. Otro miedo con el cual coincide conmigo era por si no llevábamos suficientes cosas o no hubiera suficiente para todos.

En algo que, quizás por desconocimiento, no pensamos y que nos pidieron, fue en llevar pañales, nos tuvimos que acercar a la despensa más próxima para comprar unos pocos.

Javier expone un pensamiento compartido por mas componentes del grupo, piensan que nos ha faltado un poco de implicación pues nos hemos quedado en lo superficial, podíamos haber intentado comunicarnos más cuando alguno de los indígenas se acercaba a pedir  “uno o dos vasos, por favor”, entonces tendríamos que haber aprovechado la ocasión para preguntar: ¿dos vasos?, ¿para quién más?, ¿qué más te hace falta?. Preguntar para poder ayudar mejor las próximas veces y no dar la ayuda que nosotros consideremos sino la que ellos realmente necesitan. Charlar con ellos, mirarlos, escucharlos en qué situación están, tener esa compañía que posiblemente sea la que necesitan y también jugar con los niños que parecían estar solos, sus padres posiblemente estén enfermos, y ellos juegan solos corriendo por el patio.

Pensamos que al ser nosotros tantos y situarnos en círculo, nos vean como un grupo cerrado y entonces dificultamos esa comunicación. También consideramos, para las próximas ocasiones, otras opciones como hacer grupitos pequeños para probar si así funciona mejor, o si nos dirigimos a las personas ofreciendo la bebida y las galletas, seguramente así sea más fácil comunicarnos.

El grupo de chicos lo eligió Katia, .el voluntariado no es algo que se imponga, ellos tenían que confirmar si querían ir,  porque “eso tiene salir del corazón de ustedes”, les dijo ella.

Estamos convencidos que han venido los que tenían que venir, que los grupos se forman, y que Dios, el universo, mueve sus hilos para que hayamos estado los que fuimos, ese gran día de agosto que nunca olvidaremos.

Esta primera toma de contacto nos sirve para perder nuestros miedos y los hemos superado, ahora ya sabemos que no nos va a pasar nada, la próxima vez nos dirigiremos a ellos con confianza y mayor  efectividad.

Al día siguiente los alumnos pudieron compartir con su clase esta experiencia vivida, para hacer participes a sus compañeros de todos sus sentimientos, lo que hicieron, cómo se sintieron y las necesidades que observaron: la falta de afecto, la falta de ropa, que no tenían pañales para cambiar a los bebes, algo más necesario que el vaso de leche caliente, e invitan a sus compañeros a participar activa y económicamente. “Es tan bonito lo que hemos hecho que no lo podemos contar, os proponemos que lo viváis”.

Van a organizar una colecta para volver con todo lo que consigan y nuevos compañeros.

Ciertamente ha sido lindo, la mejor manera de enseñar es el ejemplo, plantando semillitas y no desde “yo hago”, sino permitiendo que estos jóvenes lo hagan.

Muchas gracias a todos por vuestra aportación y colaboración

 

 

 

 

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Una Respuesta a Visita al hospital de indígenas y las distintas miradas

  1. Mirna dice:

    Excelente Jose..me encanta l8 q estas haciendo.. Dios Tere bendiga.. y sigas adelante con Desam.. las próxima me toca a mi

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