Un trocito de mi realidad actual

Desan. Ferrández

Limpio, Paraguay, 3 de septiembre de 2018

 

Paraguay es un lugar hermoso, con increíbles bosques todavía sin habitar, extensiones interminables porque yo no soy capaz de divisar su fin.

Quizás si llegara a ver los lindes de esta inmensidad, diría que es más pequeña.

Parece que hay una congregación de ángeles en éste país y más concretamente donde vivo, en Limpio.

¿Por qué digo esto? 

Porque hay personas dulces, trabajadoras incansables que madrugan mucho pues parece que han de ganar al sol, humanos comprometidos con la comunidad y con el bienestar de los demás. Gente sonriente y amable, siempre dispuesta a responder cualquier pregunta que les hagas, incluso para informarte cuando paras en la carretera y sin bajar del coche preguntas cuál es el camino adecuado para llegar a tu destino. Esto también me ha sorprendido gratamente, con pocas palabras te orientan para seguir camino, evitando así perderte entre la multitud de rutas poco señalizadas con las que nos encontramos en las excursiones que hacemos.

Los fines de semana son bárbaros, cuando crees que una experiencia no puede ser superada, llega otra diferente que mejora a la anterior, sin menospreciar por eso las anteriores vivencias.

Paraguay es un país con marcadas diferencias, puedes ver una casa grande o incluso un cuidado campo de golf y al lado un grupo de chabolas donde viven varias familias amontonadas en piezas diminutas y sin tabiques. Puedes ver un río o un paisaje encantador y a los pocos metros basura esparcida por doquier o lo que es peor en la otra vereda del río. Con las personas existen las mismas diferencias, humanos muy bien posicionados y al volver la esquina un grupo de indigentes viviendo en la calle.

 

He tenido la fortuna de estar invitada junto a mi compañero de vida, a diferentes casas donde tienen una posición cómoda, donde no falta de nada, siendo lo opuesto a la casita donde estamos viviendo. Un ejemplo; una mujer impresionante, llamada Marta, nos invito a casa de su hermano y cuando llego a dejar la ropa en la habitación que muy cariñosamente nos habían preparado, había un radiador encendido, caldeando la habitación enorme que nos estaba esperando para pasar el fin de semana, se me saltaron las lagrimas ¡un radiador y encendido! Salí corriendo a contárselo a Jose, por supuesto estaba Marta y el resto de la familia, se reían a carcajadas al ver las muecas que le hacia a Jose mientras le explicaba que teníamos un radiador en la habitación, que íbamos a dormir súper calentitos, que risas nos echamos ja ja.

Inolvidables las visitas donde nos llevan nuestros nuevos amigos, que sin conocernos quieren acompañarnos a ver su país, dando generosamente todo lo que tienen porque son así y no saben hacerlo de otra manera, dándonos clases magistrales de amor y de entrega al servicio de la humanidad. Conversación interminable porque, hay tanto que contar…

Me encanta la gente con historia y aquí parece ser que eso no falta, mucha cultura y mucho trabajado, escucho con atención las anécdotas que nos quieren compartir, así es fácil vivir con atención y sin prisa.

Así me siento en este momento, con habilidad de vivir, sin tener que hacer muchos planes por que los sucesos parecen que vienen a mi encuentro y en el momento perfecto, sin tener que medir el tiempo, porque como no existe parece que anda más lento en esta parte del planeta o es que, de momento, ya no tiene la misma importancia que tenia en mi anterior vida, no se realmente cual será la razón, pero es que ni siquiera tiene importancia, lo único importante de ahora es vivir y lo demás llegará en el momento adecuado para mí y para los que me acompañan en esta historia llamada vida.

Muchas veces me digo a mi misma, “pide Desam pide” y las lecciones vienen solas, a veces me rompen el corazón y otras veces lo recomponen, sea como sean serán, son,  bienvenidas, porque de eso se trata, observar, escuchar, llorar, reír, acompañar, apoyar y sobre todo estar bien presente para sentir cada segundo, cada emoción con amor y mucho agradecimiento.

Sí, agradezco tanto las fortunas como los infortunios por que estos dan más valor a los primeros.

 

Gracias

Mil gracias

Gracias mil

 

 

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