Un gran tesoro, cuento de Jose Mª Escudero

Érase una vez un joven muchacho educado en un mundo competitivo típicamente occidental de finales del siglo XX. Un día estaba jugando con sus amigos y cuando le intentaban explicar un juego no podía entender que no ganara nadie, “Solo jugamos por diversión, no gana nadie” le explicaron pero aún así, no entendía el sentido de un juego que se hiciese sólo por diversión. ¿No gana nadie? ¡Vaya juego!. Al final entendió que en el hecho de jugar estaba la diversión y que no había necesidad de ganar, ganaban todos los que disfrutaban de compartir un momento  de ocio y entretenimiento. Después de esto en una intensa búsqueda de si mismo recorrió medio mundo. Conseguía un trabajo tras otro en lejanos lugares, todos ellos bien diferentes. Unos muy bulliciosos, otros demasiados tranquilos. Vivía al día, no tenía ataduras y se sentía tan libre como el viento que le llevaba de un sitio a otro.

Un día, nuestro joven amigo fue consciente de que se hacía mayor. Se miró con los ojos de la realidad y pensó que ya, a sus años debía sentar la cabeza, pues socialmente estaba llegando a la edad crítica de “lo que no has conseguido hasta ahora, ya no lo conseguirás”.

Volvió a su ciudad natal y se encontró con todo aquello con lo que creció. Se encontró con sus amigos, hermanos y respectivas cuñadas y sobrinos, con sus casas y demás posesiones materiales. Y con los mismos trabajos grises desde hacía años, para pagar todas las deudas que la sociedad les obligaba a tener.

De repente se encontró más solo y fuera de lugar que nunca. Después de todos esos años de libertad y de vivir al día, pensando sobre su futuro, no había acaparado nada.

Muy triste se sentó en una mesa y en un papel comenzó a escribir en dos columnas todo lo que tenía, en una lo material, en otra las enseñanzas que había aprovechado en su larga y atareada vida. En la primera no escribió nada pero en la segunda columna había tantas cosas que se dio cuenta que su propia vida era lo que le podía servir para conseguir el sustento para su día a día y posible futuro. Decidió comenzar a escribir. El primer libro fue su biografía, y los siguientes hablaban sobre sus pensamientos, su filosofía de vida, todo lo que había aprendido en todos esos lugares donde había estado. Recordó a toda la gente que había conocido y los sentimientos que todos ellos provocaban. Y tal cual sentía lo escribía.

Se sentía que poseía un gran tesoro.

Al final de su vida, acabo como había vivido, sin nada material, pero con una interminable lista de amigos que habían marcado su existencia.

Sus hermanos y amigos aprendieron mucho de sus conversaciones y de sus libros y todos, al dedicarle el último adiós, pensaron en lo feliz que fue.

Marcar el Enlace permanente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *