Sol y Luna, cuento canalizado por Alberto López Fernández

Cuento canalizado por 

Valladolid, abril de 2018

 

 – Desde aquí puedo verlo todo, dijo ella.

 – Así es, dijo él; desde aquí todo lo veremos, desde aquí todo controlaremos, desde aquí les guiaremos, desde aquí les ayudaremos, y a veces, sólo a veces, entorpeceremos sus pasos; por eso, en ocasiones, nos adorarán; por eso, en ocasiones, nos tomarán como referencia en sus caminos; por eso, en ocasiones, nos considerarán dioses, astros y sabios superiores a ellos. Y a veces, en ocasiones, nos pedirán deseos y nos contarán secretos, y suplicarán que les ayudemos, y nos rogaran e invocarán; y por eso, tú y yo, luna y sol, seremos a veces verdaderos dioses, dioses que regirán sus destinos, dioses a los que adorarán y sacrificarán todo aquello que posean con tal de alcanzar sus sueños, dijo él.

 – Me gusta ser diosa, dijo ella; me gusta que me admiren y que me alaben, me gusta jugar con los ciclos de su naturaleza, me gusta vincularme al mar, me gusta traer frescor en la noche y guía en la oscuridad, continuó ella.

 – A mí me gusta el poder, dijo él; me gusta el oro y la prosperidad, y la autoridad que se impone sobre aquellos que la rechazan; me gusta saber que nada puede frenarme; me gusta saber que yo puedo abrasar cualquier campo, cualquier cultivo, que ellos creen. Me gusta saber que puedo echar abajo sus planes, cambiar sus destinos, modificar los pasos que recorren sus caminos.

 – Yo quiero acariciarles en la noche, dijo ella; quiero cuidar de sus sueños para que sean dulces, pero también, a veces, como mi naturaleza es veleidosa, voluble, caprichosa, les infundiré terror, les hablaré de cuentos de miedo, y al mismo tiempo les susurraré palabras de amor en el oído; seré lo que ellos llaman intuición, dijo ella, y les hablaré de los caminos ocultos del corazón, y de cómo la verdadera comprensión de lo que somos se ancla en aquello que no comprendemos, terminó ella.

 – Yo seré más lógico, más racional, seré aquello que comprenden, o aquello que creen que pueden comprender mediante la lógica, mediante el dictado de la razón, aquello que pueden dominar o que les domina, aquello que pueden llegar a entender, dijo él. Después de todo el sol todo lo ilumina, después de todo el sol todo hace que quede a la luz y por lo tanto que sea comprendido, comunicado y compartido entre todos, sin secretos.

 – Los secretos, dijo ella, serán para mí entonces; serán mis secretos los que queden en susurros, los que se compartan en la oscuridad, los que se multipliquen entre búhos y lobos vinculados a la luz de la hoguera que aleja el frío de la noche, que da calor, certeza y seguridad cuando todo es oscuro, que reconforta, que se vuelve hogar en el frío y la oscuridad de la noche.

 – Yo seré luz, pero la luz también que en determinados momentos puede aplastar, la luz también que determinados momentos puede ser sofocante y dolorosa, la luz que en demasía puede llegar a romper el equilibrio, la luz que en demasía puede ser mortal, la luz que en demasía puede ocasionar la ruina de tus cosechas, la luz y el calor que, en demasía, puede llevar la ruina a tu hogar, dijo él.

 – ¿Crees, dijo ella, que comprenderán que todo se basa en el equilibrio? ¿Crees, dijo ella, que sean capaces de comprender que la luz y la oscuridad no son malas en sí mismas en este mundo dual, si no que es el equilibrio el que debe mantenerse, que nada es bueno ni malo, sino simplemente el desequilibrio lo altera; que algunos secretos deben susurrarse en la noche para que sólo aquellos que son elegidos lo sepan; que otras verdades deben contarse a la luz del día para que todos puedan disfrutar de su alimento? ¿Crees, dijo ella, que lo sabrán entender?

 – No, dijo él; su naturaleza muchas veces les lleva a vincularse sólo a un lado del camino, a despreciar aquello que no entienden, a hacer que la balanza se desequilibre. Muchas veces renegarán de ti o de mí, nos odiarán, o nos admirarán, y no sabrán que en el equilibrio está la virtud, no sabrán que en un camino de dualidad tienes que saber compaginar la luz y la sombra, y que pretender que sólo haya una de ellas en tu vida es en realidad un engaño, pues en todo camino ambas hay, pues en todo camino ambas se equilibran, en distintos puntos de equilibrio, sí; pero ambas son necesarias para que la naturaleza dual siga existiendo, para que la naturaleza dual siga en un equilibrio que da sentido y coherencia a todo lo que vivimos. Por eso, cuando yo me escondo apareces tú; por eso, cuando tú te retiras salgo yo; porque debe haber un equilibrio; porque nadie puede ser sólo luz o sólo sombra; porque algunos secretos contados en mitad de la noche valen más que muchas verdades reveladas a la luz del pleno día, y porque las verdades reveladas a la luz del pleno día también son necesarias para equilibrar algunos de esos secretos que sólo en la noche se pronuncian; porque al final el equilibrio debe continuar, porque al final el equilibrio debe prevalecer; porque en una realidad dual, en un camino dual, en un mundo dual en el que el sol y la luna juegan, debe haber un equilibrio, un ritmo, unos ciclos que se respeten; porque no se puede cosechar aquello que no se siembra; porque no debemos recibir aquello que no hemos pedido; porque no debemos caminar un camino que ni siquiera hemos trazado. Quizá alguien entienda que en su camino hay luz y sombra, y respete, quiera, y asimile las dos. Quizá alguien entienda que en ese camino de luz y sombra, debe amarlas en unidad e integridad, no sólo uno de sus aspectos: no sólo el sol, no sólo la luna, sino a ambos. Respetar y amar aquello que es, respetar y amar el camino que está forjando, respetar y amar su integridad, no sólo uno de sus aspectos.

 – Algunos habrá que así lo entiendan, dijo ella; y ellos cantarán al sol y hablaran a la luna, y conocerán los secretos que la luna susurra y las verdades que el sol expone ante todos, y ellos, sólo ellos, disfrutarán de la verdadera sabiduría, de la sabiduría del conocedor de la naturaleza dual, de la sabiduría de aquel que sabe que debe amarse y respetarse en unidad e integridad, de aquel que sabe que sólo el amor puede ser un punto de equilibrio correcto, de aquel que sabe que toda balanza está hecha para estar en equilibrio sin que ninguno de sus platos quede nunca vacío. Sólo, sólo aquel que entienda esta verdad será un verdadero sabio, y sólo él recorrerá en plenitud un camino que es dual; sólo él comprenderá que en su camino hubo luz y hubo oscuridad, que en su camino fue santo y verdugo; sólo él comprenderá que aquel que un día es santo fue en otro momento verdugo, para volver a cambiar de rol, de papel, para poder comprender la luz y comprender la oscuridad. Sólo él, sólo él comprenderá que aquel que un día nos salva, otro día nos condena, pues necesita vivir la luz y necesita vivir la oscuridad. Sólo un sabio, sólo un verdadero sabio entiende que en el camino de la reencarnación todos hemos sido santos y pecadores, verdugos y salvadores, todos hemos sido buenos y malos, luces y sombras, pues un camino tiene que recorrerse en plenitud, en unidad e integridad, no sólo, no sólo en uno de sus aspectos; después de todo en una misma vida ves la luz y ves la sombra, ves el sol y ves la luna, escuchas verdades cantadas delante de toda la luz, expresadas de forma pública, y secretos susurrados a la luz de la luna; y ambas cosas se compenetran y complementan, y a veces se contraponen y oponen. Y ambas cosas, en definitiva, te permiten vivir el equilibrio, el camino que se mueve entre la sombra y la luz, pues ambas partes le componen, ambas partes le dan forma, ambas partes le dan sentido, plenitud y coherencia.

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