Primates

Artículo compartido por Desam. Ferrández, Castellón, 16 de enero de 2019

A veces se me saltan las lágrimas sin mucho pretexto y otras con motivo.

Mí pareja, Jose Escudero, ha ido a un centro de recuperación y rehabilitación de primates en Madrid. Yo, sin pensar lo duro que podía ser le pedí detalles, quería que me contara su experiencia, también se lo pedí a María, su hija e insistiendo en que me contaran lo que ven y sobre todo como se han sentido allí dentro. Por supuesto nunca pensé que fuera como ir de paseo y sabia que habría monitos perjudicados y enfermos porque sino, no estarían al cuidado de los humanos que trabajan en dicho centro.

Pues bien llega el momento esperado y Jose por teléfono me cuenta la visita guiada con pelos y señales, en el tiempo que tarda Jose en contarme lo que vieron, lo que les explicaron de la vida y la recuperación de estos pequeños primates, de las secuelas que les quedan tanto físicas como mentales Jose llora varias veces, conmovido por lo que los “humanos inteligentes” somos capaces de hacer a los animales indefensos, el colofón final de la narración y que hizo que los dos lloráramos a moco tendido fue, explicarme que estos animalillos no tienen esperanza de ir a su hábitat natural, no los pueden devolver a su lugar porque no podrían sobrevivir.

¡Qué triste me parece que no puedan salir de su jaula!

Estos peluditos no están acostumbrados a estar en ese lugar del que no debían haber salido, los humanos han cambiado su forma de vivir, su forma de reaccionar a fuerza de maltrato por lo que en la selva no sabrían ni adaptarse ni defenderse, algunos ni siquiera habrán conocido el bosque arrancados de los brazos de su madre prematuramente.

Lo cierto es que en este centro están súper bien cuidados, que no les falta de nada, que sus jaulas son muy grandes y que pueden correr y jugar con sus compañeros, sí, pero no deja de ser una jaula por grande que sea. Años encerrados entre barrotes esperando a que llegue el día en que se conviertan en angelitos alados, ¿en serio?

Me imagino encerrada en una jaula enorme sin expectativas, sin ninguna ilusión más que pasar el tiempo lo mejor posible, viviendo con recuerdos que no quiero recordar, sin perder la cabeza. ¡Muy cruel! Se me revuelve el estomago solo de pensarlo.

Hay algunos humanos que viven solo para ganar beneficios a costa de no importa quien, creo que es momento de pararnos y hacer una reflexión, un examen de conciencia.

¿Qué diferencia hay entre ese primate y yo?, ¿me gustaría que a mí me hicieran eso, que me trataran así?

Personas y animales estamos compuestos de lo mismo, células, sangre, órganos… Funcionamos igual comemos, crecemos, nos enamoramos, jugamos y al final morimos.

¿Qué hace que nos creamos superiores, jugando a dioses con la vida de otro ser?

Por favor tratemos a todos los seres por igual, todos tenemos sentimientos y todos sentimos dolor, no importa que sea persona o animal. Yo se que hay gente muy concienciada, pero otra y por falta de información todavía ve gracioso hacerse una foto al lado de un monito atado a una correa.

Creo que si por un momento nos pusiéramos al extremo de la correa, invirtiendo los personajes, igual cambiábamos nuestra forma de pensar, es antinatural llevar con una correa a un mono sacándolo de su clima y ¡NO! no es gracioso.

En esta ocasión también me gustaría tener esa varita mágica que Jose siempre pide, y que no llega, para cambiar la conciencia de la humanidad, siempre en beneficio de toda vida existente en este maravilloso planeta.

Gracias por leer y os invito a la reflexión.

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