Hoy me permito soñar_ Capítulo I (Cuento) por Desam. Ferrández

Hoy me permito soñar por Desam. Ferrández

Capítulo I

 

Capítulo I

-Acabo de meditar y tengo la mente ligera, la paz interna que me ha dejado la meditación da una tregua a la mente, haciendo lo que nunca permite “darle tiempo”

Me relajo más si cabe, observo hasta dónde vuela, cuando me doy cuenta voy sobrevolando un bosque, no toco el suelo. Mi indumentaria ha cambiado, voy descalza, pantalón muy, muy corto y camiseta. De los camales de los shorts salen unas piernas largas, esbeltas y morenas; me miro y me río jajaja es mi sueño y me pongo el cuerpo que quiero.

Sigo; que me despisto enseguida.

Voy a escasos centímetros del suelo y sin embargo siento en las plantas de los pies un cosquilleo muy agradable.

El bosque es espeso, pero aun así, los rayos del sol se hacen hueco entre las hojas, para lanzar sus destellos de luz y calor, calmando el intenso frío que sale del manto verde que recubre la tierra.

No tengo frío, aunque siento la baja temperatura, la humedad se hace notar adornando con gotitas efímeras los brotes tiernos, bolitas transparentes que en breve caerán a la negra tierra, colaborando a que todo germine y tenga vida.

Las escasas flores que hay, están cerradas todavía, como si estuvieran dormidas y esperaran que los rayos del sol les rozaran las mejillas a modo de despertador.

De repente me cruzo con unos ojos curiosos, grandes. Sigo, le sonrío para no ser maleducada sin embargo no detengo mi marcha, el personaje me mira, me llama schist schist, al ver que no paro, me alcanza y me pregunta.

-¿A dónde vas?

-La miro y tampoco toca el suelo, le contesto no sé.

-¿Qué haces aquí?

-Huir

-¿De quién?

-De mí

-¿Tienes prisa?

– No

-¿Qué rumbo has elegido?

-El Horizonte.

-Oye, oye ¿Puedes parar?

-Claro, le digo.

-¿Quieres jugar?

-Me detengo y la observo… es una mezcla entre hada y niña.

A qué quieres jugar le pregunto, el horizonte puede esperar.

-Quiero jugar a hacer realidad los sueños.

-¡¡Ualaaaaa!! Eso me interesa mucho.

-¿Qué te gustaría hacer ahora, pero de verdad, justo en este momento?.

-Pienso… me toco la barbilla y sonrio picaronamente, ¿Estás segura que quieres saberlo?

-Sí, sí, por favor_ contesta con carita alegre.

-Pues me gustaría tirarme por un acantilado y caer como una pluma.

-¡¡Guauuu!! Eso mola, ¿Lo hacemos?  ¿Puedo acompañarte en tu caída?

-Segura que lo podemos hacer, le pregunto con cara incrédula.

–Claro me dice, es tu sueño y puedes hacer lo que quieras.

-Me echo las manos a la cabeza y río, no me había dado cuenta de que soñaba, es todo tan real, veo las cosas como si las viviera en lugar de imaginármelas.

Le pregunto el nombre a la pequeña, me dice que la llaman Hani.

Hani me coge de la mano y me acompaña a un acantilado, su mano es suave, cálida, menuda, la miro de soslayo, tiene unas largas pestañas en una cara redondita, es muy alegre y desde luego nada tímida, como me gusta su tacto, me recuerda al tacto de las toallas mullidas cuando las sacas de la secadora.

Llegamos al acantilado rápidamente, es como si hubiera uno preparado para nosotras exclusivamente.

Miro hacia abajo, soplo, ¡¡¡Qué bonito!!! Hani mira el paisaje…

Ella dice sí que es precioso, aunque ya lo he visto antes, “te recuerdo que yo vivo aquí”

-¿Aquí? Guau, qué suerte tienes, contesto.

-¿Nos lanzamos? me pregunta mientras tira de mi mano.

-Siiiiií le contesto mientras la sigo andando hacia el precipicio, de repente, nada bajo nuestros pies, es demencial, nos tumbamos en el cielo abierto como si lleváramos una alfombra invisible debajo de nuestro cuerpo.

-Siento, siento tantas cosas… lo primero, mariposas revoloteando en mi panza, lo segundo el aire acariciando mi piel, cómo poder describirlo… la vista se vuelve loca… no sabe hacia dónde dirigirse, porque es todo tan bello y además no quiere perder detalle, tanto es así que frena la lenta bajada para poder deleitarse de como una oruga come una hoja, veo el aleteo de las alas de una abeja que está chupando néctar afanosamente, es como si todo fuera a cámara lenta. Un oso mueve un árbol, porque está rascando su lomo en este, mi vista ha aumentado como si de repente dispusiera dentro de las profundas pupilas un mini catalejo, que me permite ver en la distancia la danza de los seres vivos, desde la diminuta oruga hasta el fuerte oso, a este le puedo distinguir hasta la sonrisa de su hocico, ya que le reconforta enormemente rascarse en los árboles, y a la vez veo cómo se ríe el árbol porque el oso le hace cosquillas en su tronco, siempre pensé que el árbol renegaría de esta acción, pues ahora puedo afirmar que el árbol se está tronchando de risa jajaja.

Cuando busco al pequeño ser que me acompaña para decirle que puedo ver como el árbol está disfrutando, advierto que se ha alejado bastante y a lo lejos aprecio que lleva unas graciosas alitas, yo diría que plateadas ya que el sol refleja rayitos en ellas y salen chispitas color arcoíris.

Hani está haciendo piruetas graciosas en el aire, se me escapa una carcajada, está sola y sin embargo parece que está bailando con otros seres invisibles, sonriéndoles sin parar, me invita a participar en la coreografía, yo no sabía hasta donde podía llegar flotando, así que me aventuro y me estiro, creo que me movía por la intención, quería ir hacia delante y mi cuerpo se desplazaba hacia delante, hasta donde yo quería ir, era muy curioso.

Bailamos sin música, reímos sin chistes y seguimos flotando en medio de la nada y del todo.

Qué liviana y libre me siento, me encanta la compañía de Hani, me mira dibujando una enorme sonrisa en su simpático rostro y me da las gracias diciendo…

-Gracias, a mí también me gusta tu compañía.

-¿Me lees el pensamiento?

-Claro, tú también puedes.

-¿Yo? dije abriendo mucho los ojos como signo de incredulidad.

-Me coge de la mano otra vez y me dice ven vamos a coger una nube que se me cansan las alitas.

-¿Seguimos  bajando? Pregunta.

-Sí, sí por favor.

-Quisiera enseñarte mi lugar de meditar.

-¿Tú meditas?

-Claro y creo que tú también prácticas la meditación ¿Verdad?

-Sí, sin embargo di por hecho que tú no tendrías la necesidad de relajarte.

-Es que yo no lo utilizo para relajarme.

-Ahhh ¿No? Y para que la utilizas.

-Para sentir. Te llevaré a mi lugar secreto.

-La nube en la cual estábamos sentadas acelera y nos lleva al lugar que dice Hani, sin tener que dar más señas como si se conociera el bosque o supiera el lugar del que se trataba, la pequeña me aclara que en mi mundo se utiliza la telepatía con todos los seres.

-Llegamos al lugar misterioso, bajamos de la nube, le damos las gracias y esta se va agradecida, no veo su boca y sin embargo intuyo que sonríe.

-Hani me empuja suavemente por un sendero estrecho y me dice, sigue recto hasta la trepadora, detrás de ella está mi espacio favorito.

-Una vez alcanzamos la planta Hani se pone delante de mí y retira la planta hacia un lado para que pudiéramos pasar, estirando de mí hasta que entro.

-Es una cueva amplia, llena de setas de todas las formas y colores.

-Cierra los ojos y siente Des, me dice, escucha y siente.

-Yo permanezco de pie, oigo sonidos que no reconozco, ni sabría decir cuál es su procedencia, el aroma húmedo se mezcla con un olor dulzón que ignoro a qué es debido.

-Des, ya puedes abrir los ojos.

-En la cueva hay vida, insectos variados transitan despacio la zona que alcanzo a ver, mientras mis ojos se van acostumbrando a la oscuridad, giro la cabeza buscando la procedencia de la música, estoy perpleja diminutas gotas caen sobre un gran hongo, de este cae sobre otro y por último sobre la casa de un caracol, otra lenta y estrecha cascada cae sobre la raíz de una curiosa planta, que vibra cada vez que una preciosa lágrima de agua toca su superficie.

Mi asombro se nota en mis facciones Hani está muy divertida con mi rostro y me pregunta ¿Te gusta?

Guau sí, sí, ya lo creo, me parece increíble que pueda salir sonido del agua resbalando sobre una seta.

-Des, el sonido se crea con todos los elementos.

-¿Meditamos?

-¿Aquí? No sé si podré con todos estos colegas tuyos paseando de aquí para allá.

Hani no podía parar de reír, tanto que se cogía de la tripa y hacía gestos exagerados como dándome a entender que no podía parar de reír.

-Des, si cierras los ojos escucharás y sentirás la hermosa melodía que este lugar nos propicia y mis colegas, como tú los llamas, forman parte del espacio, sin ellos no sería lo mismo.

-Pues no sé si podré meditar.

-Dime ¿Qué se necesita para meditar? Igual no hablamos de lo mismo.

-Uffff me estás poniendo en un aprieto, quizás… ¿Quietud?

-Dónde hay vida no puede haber quietud, por lo menos la calma que tú mencionas ya que cada uno de los seres que aquí moran, están haciendo lo que quieren y no nos imponemos a nadie, ellos están a sus tareas.

Ven, ven a mi lado y lo intentaremos.

-Me siento al lado de Hani y cuando me dispongo a cerrar los ojos veo que ella los abre más.

Me remuevo en mi asiento, no entiendo porque abre los ojos en lugar de cerrarlos.

Vuelve a escuchar mis pensamientos y me dice ¿Acaso no te gusta lo que ves?

Sí, es muy hermoso.

-Entonces ¿Por qué quieres cerrar los ojos?

-Hani yo he aprendido a meditar con los ojos cerrados y no sé hacerlo de otra manera.

-Te explicaré que es para mí la meditación, es vivir el presente y si me gusta lo que veo no me lo quiero perder y a la vez agradezco poder verlo.

-Sigo removiéndome en el asiento y me doy cuenta que estoy en la habitación de meditar, donde empezó todo este viaje.

Miro alrededor y solo veo las paredes blancas de la habitación, ya no hay setas, ni insectos y por supuesto no está Hani.

Me pregunto de verdad qué necesito para meditar.

¿Quietud?

¿Silencio?

¿Música?

¿Soledad?

¿Y si pruebo otras maneras de meditar?

¿Podría meditar con los ojos abiertos?

¿Para qué habré hecho este peculiar sueño/ viaje?, Seguro que tirando del hilo encuentro el para qué o incluso la metáfora, de momento ya me hace pensar qué es lo que necesito para meditar.

 

Gracias, gracias, gracias.

 

 

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