Editorial de Diciembre

 

¿Sabes cuántas cosas se están celebrando en este momento en el planeta?

Somos algo más de 7.500 millones de personas. En este instante en el que lees la editorial de diciembre hay más personas que tienen cosas que celebrar que las que no.

Es muy posible que en los países no tan desarrollados tengan más facilidad para celebrar algo que en los países desarrollados o del primer mundo.

Cuando no se tiene nada, se celebra la vida, cuando lo tenemos todo durante todo el año ya ni una cena especial en familia se hace con cariño.

Conozco muchas personas que  no quieren cerebrar la navidad porque echan de menos a algún miembro de la familia. Alguna abuela renegona se pasa maldiciendo la cena de Nochebuena desde finales de agosto.

Se compran los regalos de Reyes sin ninguna ilusión, se consume en exceso y sin ganas para terminar cambiando el regalo. Por cierto, los mejores regalos no vienen en cajas.

Hace no muchos años, cuando en España había escasez y no se podía adquirir cualquier producto todo el año, las empresas daban la famosa cesta de Navidad para que los trabajadores pudiesen tener algo exclusivo en ese periodo del año en el que celebramos Nochebuena, Fin de año y Reyes. Tras los años de bonanza y gracias a la industrialización de la alimentación, ahora podemos comer de todo, todo el año. Ya el pavo, el cordero o el pescado no son productos de lujo que se consumen en fechas especiales. Tenemos todo tipo de fruta durante las cuatro estaciones, sin importar si es la temporada adecuada y podemos disfrutar de deliciosos postres y bebidas espirituosas desde enero hasta diciembre.

Parece que ya no tenemos motivos para cerebrar nada en diciembre, sin embargo, si le damos la vuelta al asunto, podríamos celebrar y agradecer todo el año lo afortunados que somos al tener tantas posibilidades a lo largo de nuestras vidas. Podríamos disfrutar más de los seres queridos cada día y agradecer a nuestros dioses la posibilidad que nos dan de poder estar con ellos un día más, así no les echaremos tanto en falta cuando no se encuentren físicamente, porque de espíritu, en nuestro corazón, están siempre. Podríamos vivir el espíritu de la Navidad todo el año.

En esos días que se aproximan de grandes comilonas, de fiestas y de perder el control y quizás el equilibrio, os invitamos a que meditéis cómo y por qué os sentís de qué forma y para qué creéis que hemos de pasar estos trances todos los años. Se repite el patrón una y otra vez, haciéndose cada vez más agudo. Es tan obvio el malestar que generan las reuniones familiares de Navidad que en enero se venden más antigripales, ¿Será porqué acabamos “hasta las narices” y con las defensas por los suelos?

Otro punto importante, no maldigamos ninguna fecha en especial por ser una fecha especial, hagamos que cada día sea una fecha especial que cerebrar.

Miremos a esos países en vías de desarrollo y aprendamos de ellos a valorar la gratitud, el amor y la auténtica felicidad. Da el valor que tiene cada regalo, y el mejor regalo es la vida en sí misma. Feliz presente.

 

Jose Mª Escudero Ramos

Editor de la Revista IMO

Diciembre de 2017

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