Editorial de Septiembre

Muchas veces nos preguntamos para que sirven las religiones ¿Para diferenciar razas y culturas o para encontrar el nexo de unión entre todo ser viviente?

Sin emitir juicio alguno, gracias o por culpa de …¿Qué más da? Estamos aquí y ahora, en un espacio tiempo determinado y condicionado por más de 5 mil años de historia. Cada guerra, cruzada, batalla o acto violento ha servido para que estemos ahora en el punto en el que tenemos que estar.

Lo más curioso de todo es que nos podemos quejar de la historia pero seguimos estando en un   mundo en guerra. ¿Qué podemos hacer para parar todo esto?

Hace poco cubrí unas conferencias en el Foro Mujeres del Tercer Mileno, donde pude escuchar respuestas a las preguntas ¿Por qué hay malos tratos? ¿Por qué existe el abuso? ¿Por qué existe la cultura de la guerra?

Dieron algunas respuestas, básicamente la desigualdad, las injusticias, son las que provocan las mayores atrocidades. La desigualdad de oportunidades en la educación, la desigualdad en el trabajo, la desigualdad de derechos, la desigualdad de clases, la desigualdad…

Hay unos derechos universales, hay unos derechos por cada nación. En España tenemos una constitución que nos hace a todos iguales pero tengo un amigo de Angola, vive en Madrid, al que piden el DNI cada vez que sale a la calle, pero  a mí, blanquito de Chamberí, raramente me para la policía, alguna vez en algún control de carretera, no tengo nada que ocultar y siempre agradezco a la benemérita o a la policías local o nacional la labor que hacen por protegernos.

¿Cómo podemos hacer una sociedad justa y equitativa? Y no quiero decir “más” justa y equitativa porque al no serlo una vez no es nunca, no se trata de ser más que ayer se trata de ser equitativa y punto… Hasta que no se consiga la igualdad total no será justa. ¿Qué hemos de hacer?

La respuesta es empatizar con el prójimo. Compasión y empatía. Esa es la solución. Ponernos en la piel del prójimo, llevar sus zapatos. Quizás podríamos dejar de preguntarnos qué puede hacer el mundo por mí y empezar a hacer cosas por el mundo… Desde un consumo responsable de alimentos y de objetos hasta la gratitud infinita por todo lo que nos llega, sea lo que sea.

La mayoría de las guerras en el mundo tiene un origen oscuro detrás. Diamantes, coltán, oro, petróleo, gas…si consumiésemos con responsabilidad no cambiaríamos de móvil cada poco tiempo, el coche, el ordenador…podríamos alargar la vida de todos esos productos de los que podemos disfrutar en el primer mundo gracias a las guerras que alimentamos en el tercer mundo. Podríamos consumir producto local o de esos que llaman de Comercio Justo y lo más importante, valorar a todo aquel ser vivo que hace que tengamos todo a nuestro alcance, desde el agricultor, comercial o vendedor …

No voy a hablar de reciclar y de producir la menor cantidad de basura posible. Ni de la alimentación ética, esa que debería ser obligatoria, que los animales no sufran hacinamiento ni envenenamiento por antibióticos que luego consumimos los humanos a través de las carnes que ingerimos.

Quizás podamos gastar más tiempo en leer las etiquetas de los productos que consumimos y empezar a hacer boicot a los productos que sabemos nos envenenan, a nosotros y a nuestro mundo, dejar de comprar aquellos productos que sabemos son fruto del abuso.

No esperes que esas invitaciones a firmas que circulan por internet tengan algún resultado. La mejor amenaza para una empresa es que el consumidor sepa lo que está consumiendo y si usan productos nocivos para la salud, dejar de comprarlos, así se dejaran de fabricar porque no producirán beneficios.

Es la era de la industrialización de la humanidad. Ahora le toca el turno al producto estrella…el ser humano y nos empezamos a vender hasta extremos preocupantes en las Redes Sociales. Hace poco leí una noticia de una chica que tuvo un accidente de coche donde murió su hermana, por hacer un directo en Instagram. Iba borracha. Tras el accidente se bajó del coche y siguió grabando junto al cadáver de su hermana que yacía en la cuneta pues iba sin cinturón y salió despedida del coche.

Queremos ser populares y nos vendemos a toda costa. Imitamos comportamientos erróneos y nocivos para nuestra alma…quizás por eso haga falta una base ética en toda sociedad, diría que cuanto más avanzada, más necesario es regenerar un ética universal de bondades y dones del ser humano pues estamos viviendo una era del videojuego real…creemos que los muertos de Wikileaks son montajes de una película…creemos que todo se arregla con dinero y si no, pues miramos para otro lado, sabiendo que la realidad de los lados es menos dañina que la que vemos si miramos de frente…cara a cara, cruzando la mirada con la realidad más cruel. Aunque nos pille lejos.

¿Queremos igualdad? Pues comencemos en casa, continuemos en las aulas, los trabajos, en las zonas de ocio, en el deporte, en la vida, con los compañeros, con los extraños, con la naturaleza, agua, aire, tierra…con los animales, con las plantas. El orden natural de las cosas es que todo se mantenga en su orden y el ser humano tiende a manipular los cauces de los ríos, los ciclos de vida de los alimentos…jugamos a ser dioses inmortales por miedo a la muerte.

Disfrutemos de cada ciclo intentando no alterarlo demasiado. En España las naranjas se dan en invierno porque la vitamina C es buena en esa época, en verano tenemos sandías y melones porque nos hace falta hidratarnos por los días de intenso calor.

¿No es lo suficientemente inteligente el universo? Dejemos hacer que todo siga su curso educando en el respeto, en la igualdad y en la humildad de reconocernos aprendices de seres de luz, humanos curiosos que quieren amar y no saben bien cómo. Con lo sencillo que es a priori. Empatía y compasión con toda la naturaleza, medio ambiente, ser vivo y persona. Da igual sexo, religión, condición y raza…

Mantengamos el orden natural de las cosas.

Firmado por

Jose Mª Escudero Ramos

Editor de la Revista IMO

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