Editorial de Junio

Señales

 

¿Quién no ve las señales? O habría que preguntar ¿Quién ve las señales?

Se podría decir que las señales las ve todo aquel que está despierto, pero no se trata de estar despierto o consciente, ni de estar conectado. Se trata sencillamente de estar atento.

 

Hay momentos en la vida en los que estamos más predispuestos a ver las señales. Hay lugares mágicos en donde las ves, sí o sí. El Camino de Santiago, cualquiera de los Caminos que hay en el mundo está lleno de señales. Esos caminos son metáforas de la vida. Nos cargamos mochilas llenas de “porsiacasos” que nos hacen cargar un excesivo peso a nuestras espaldas. Nos perdemos y nos volvemos a encontrar, con un aprendizaje que podemos adquirir durante el tiempo que nos demos de reflexión y meditación en ese camino de la vida.

Las señales en el Camino son de una forma y, si los tramos están bien señalizados, no habrá problema en llegar al lugar de destino, pero si no están bien o nos despistamos, entonces nos hemos de fijar con especial atención en las otras señales, en esas que no se ven fácilmente a no ser que estemos atentos con los ojos del corazón, ¿o quizás con los del alma?

El pasado 29 de mayo conducía de Madrid a Castellón, ruta que hago muy frecuentemente. Siempre he querido parar en el Monasterio de Uclés, desde que hice el Camino Lebaniego he querido hacer el de Uclés y el de Caravaca de la Cruz.

Tras ir y venir de Castellón a Madrid decenas de veces, el pasado 29 de mayo, una fuerza especial tiró de mí y me hizo desviarme en el kilómetro 90 de la A3. Lo curioso es que el viaje lo tenía programado para el día 30 de mayo, pero esa fuerza misteriosa me hizo salir de casa el día anterior, un día antes, sin necesidad alguna. No pude conseguir entradas para una conferencia de ese mismo día y decidí, a última hora, adelantar el viaje.

Llego a una explanada previa al monasterio, hay una bandera de España y una placa que hace de homenaje a los caídos en la batalla de Uclés acontecida el “29 de mayo” de 1108. Cuando me bajo del coche y leo esa leyenda, se me eriza la piel.

Hago unas fotos, sigo mi trayecto hasta el monasterio y entro a visitarlo. Doy una vuelta por toda la iglesia, veo que allí estuvo la sepultura, ahora desaparecida de  Jorge Manrique, el de las coplas por la muerte de su padre.

Sentí una energía muy especial en una parte de la iglesia, donde hay unos restos en piedra de una sepultura, quizás la de Jorge Manrique. Los restos de piedra representan a Jesús que yace muerto, mientras dos figuras lo toman entre cabeza y pies.

Salgo de la iglesia para dar una vuelta por los alrededores y disfrutar de las vistas tan hermosas que ofrece Castilla-La Mancha en una lluviosa primavera como ésta.

Los cultivos crecen, las amapolas ponen su vivo color rojo, destacando sobre el manto verde de la esperanza. La primavera es la siembra, es vida, es creación, es el comienzo de un nuevo ciclo.

Contemplo y medito ¿Para qué habré parado aquí justo el 29 de mayo? He estado atento y he visto la señal, ahora tengo que dedicar mi tiempo a entenderla. No es fácil, he de sacar mi faceta de investigador energético y tirar del hilo…

¿Habrá llegado el momento de hacer el Camino de Uclés?

Siento que allí encontraré la respuesta. Tendré tiempo para meditar y para ver más señales.

Daré con la respuesta en el camino.

Mi corazón está preparado.

Buen camino, peregrino.

 

Feliz mes de Junio

Jose Mª Escudero Ramos

Editor Jefe de Revista IMO

Comments are closed.