Después de meditar

Pensamiento compartido por Desam. Ferrández

Limpio, Paraguay. 13 de noviembre de 2018

 

Cuando después de meditar tengo ganas de vivir, de reír y escribir…creo que medité bien.

Cuando comprendo que el yo superior, ese con el que a veces converso, es mí parte divina, se me saltan las lágrimas, recuerdo conversaciones con Dios, una película magnífica y me río de que a estás alturas y con lo grande que ya soy, todavía crea que hay algo que no esté conectado con esa energía que lo teje todo. Sí, todo es cómo tiene que ser, perfecto, en cualquier momento.

Y pregunto a esa parte recién conocida, ¿Que haría Cristo en mí lugar?

Y me vuelvo a reír. Bendecir el techo que te cubre, bendecir los montones de diminutas hormigas, que da igual donde me siente a leer consiguen encontrarme en su recorrido hasta el suelo, sí, bendecir no que yo estoy viva o incluso ellas, bendecir que “estoy en medio de la vida”, una vida verde con un enorme pulmón que respira a lo grande, y tiene como complementario un corazón gigante que sin pausa expulsa su contenido para nutrir hasta la parte más distal del país.

Si imagináramos que la sangre del humano es similar al agua en el país y las venas son los ríos y canales, estaríamos haciendo el símil perfecto entre Paraguay y el cuerpo humano.

Aquí todo crece en cero coma, los árboles en 10 años crecen tanto que parece que lleven toda la vida ahí y por otro lado puede cambiar el entorno en un chasquido, pasas por una zona donde están comenzando un asentamiento, y en dos días limpian, despejando la zona, convirtiendo el mar verde en una planicie de tierra fértil donde dejan los árboles justos para dar esa sombra tan necesaria, ¿te lo imaginas?

Yo que estoy metida en esta maraña verde, me siento afortunada de no estar en una vida gris, de esas en las que pasas ocho horas encerrada en un lugar con luz artificial y rodeada de paredes, pienso en los trabajadores de las fábricas que luego se van a sus hogares posiblemente a seguir encerrados.

Bendigo pues esta vida y sus posibilidades. Dentro de la perfección del momento, de pronto veo la película necesaria para mi presente, resultando  inspiradora y encontrando respuestas en forma de metáforas y me doy cuenta que en algunas ocasiones es como la vida misma, das lo que tienes sin importarte nada más y recibes más de lo que das, porque es preciso para que sigas tu labor, no importa la que sea o a lo que te dediques en ese momento, siempre y cuando beneficie a alguien y por ende a toda la humanidad.

El dar solo  algo material para ayudar a alguien es una falta de respeto si no va acompañado de tu inquietud por esa persona, alegrándote con sus alegrías y aprendiendo a sufrir con él, acercándote a él y preguntando ¿qué necesitas? ¿juegas? posiblemente solo quiera un poco de escucha y atención.

Este párrafo está sacado de la película ¿alguien sabe cuanto cuesta hacer un ojal?

Muy interesante, ya había oído en varias ocasiones que dar limosna a los que están en la calle sentados desde tu posición de pie, te pone en lugar de superioridad dejándolos a ellos en inferioridad y no recuerdo que mandatario indio, decía a los turistas que no dieran limosna a sus pobladores porque los empobrece y ahora me llega otra perla, si quieres dar algo material atiende con respeto a esa persona e interésate no solo en cubrir sus huesos sino también en cubrir su alma. Otra enseñanza brutal que donde estoy ahora me va perfecta y otra vez se repite la perfección en mi texto.

Una meditación preciosa. Mil gracias por la perspicuidad del mensaje.

Quiero recordar que siempre he de sonreír y escuchar cuando ofrezca algo.

Gracias por los mensajes.

 

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