Descubriendo a Naye, un cuento de Desam Ferrández

Hoy es un día precioso, ha amanecido con esa luz que invita a salir del hogar y pasear por el campo, con el sol besándote en las mejillas y la suave brisa acariciando la piel.

Esta energía me incita a moverme, me dejo arrastrar y decido ir a meditar, elijo ese lugar del bosque donde me siento en silencio a observar mis pensamientos, con la magia de la vida en movimiento a mí alrededor, viendo aves, insectos y demás bichitos corretear y jugar en su idílico hábitat.

Enredada en mis pensamientos me paso del lugar de meditar sin darme ni cuenta y me adentro donde contacto con Hani, al darme cuenta dónde estoy yo sola me río, seguramente tenía ganas de ver a Hani, mi amiga peculiar, por lo que empiezo a gritar su nombre hasta que oigo en mi oreja “chssss, ¿Pero qué te pasa, por qué gritas así? ¡Estás asustando al personal con tanto ruido!” Me dice Hani con cara de disgusto e interrogación a la vez.

Lo siento… le digo.

H- Desam ¿Te acuerdas que utilizamos la telepatía?

D- Sí

 H- Pues, por favor, la próxima vez utilízala.

 D- Vale, aunque yo no veo a nadie por aquí al que pueda haber molestado.

H- Porque tú no eres capaz de ver a todos los seres que viven aquí, sin embargo te aseguro hay mucha vida a nuestro lado, quizás seres invisibles para ti, aunque bien visibles para el resto, jaja.

D- ¿Quieres decir que hay seres que yo no puedo ver?

H- Sí

D- ¿Y tú sí que puedes verlos?

H- Claro

D- ¿Por qué yo no puedo verlos?

H- Porque parece ser, que solo ves cierta vibración.

D-  Pues yo quiero verlos, cuéntame cómo son…

H- Ven acompáñame, dice mientras tira de mi mano.

Nos acercamos a un claro dónde hay rododendros en plena floración, su perfume embriaga mis  sentidos. Me paro e Inhalo fuertemente el aire empapado con ese aroma dulzón, ummm,  qué bien huele aquí, me encanta este aroma.

Hani me dice “espérame aquí que voy a buscar a una colega”.

Me siento en un pedrusco mientras espero, deleitándome con el olfato y la vista de este lugar tan hermoso, arbustos cargados con pompones de flores delicadas y hojas brillantes captan toda mi atención, me recreo en los contrastes y en la abundante vegetación.

Hani regresa y se queda delante de mí, con un gesto me dice te presento a Naye.

D- ¿A quién?

H- Se llama Naye.

D- Yo no veo a nadie.

H- Naye es la cuidadora de estos rododendros y huele igual que ellos.

D- Joooo no la puedo ver…

H- Desam, cierra los ojos y huele, intenta reconocerla por su aroma.

Yo hago caso, cierro los ojos y me concentro en el sentido del olfato, me imagino que en mi nariz entran burbujas de la energía que Naye desprende, con su aroma peculiar.

Hani me dice “Ahora, Desam, Naye ha colocado su manita delante de tu nariz”. Me concentro más y huelo a flores, me sonrío porque huele fenomenal.

Hani me dice, “Ahora extiende tu mano y pon la palma hacia arriba”, le hago caso rápidamente aunque con movimientos suaves ya que no sé dónde se encuentra Naye exactamente.

Naye es un ser chiquitín me cuenta Hani, ahora se ha sentado en tu palma, sin abrir los ojos intenta percibirla.

Paralizo todo mi cuerpo, casi hasta la respiración, no quiero hacer el menor ruido y me concentro sintiendo al diminuto ser que está sobre mí palma, no siento su peso, supongo que porque debe de ser muy liviana.

Hani al darse cuenta que no la percibo me dice no importa vamos a hacer otra prueba, coloca tu mano en dirección al sol y abre los ojos, aunque hazlo como si estuvieras guiñando los ojitos porque el sol te molestará.

No consigo ver a Naye, sin embargo veo como diminutos puntitos brillantes, Hani, que sabe lo que pienso en todo momento, me dice “eso que ves es su energía, ahora de la misma manera mira la zona de los rododendros, posa tu vista entre sus troncos o entre sus hojas, desenfoca la mirada y mira sin querer ver, hay muchos seres como Naye, con la misma forma de energía que has conseguido ver”.

“¡Si, si!  Veo como diminutos puntitos que se mueven, que flotan” en este momento Naye vuela de mi mano a la planta y veo destellos entre la mano de la nada.

Estoy feliz  jaja ¡Qué bonito!

D- Gracias Hani por enseñarme.

H- El bosque está lleno de vida y seres de diferentes formas.

D- El próximo día me acordaré de esto y no gritaré para no importunar a nadie, gracias pequeña, por la lección.

 H- Ja ja estoy segura de  ello, solo con verte la carita que has puesto sé lo que has sentido. Bueno y ahora ¿Quieres que volemos un ratito o juguemos?

D- Claro vamos a jugar, pero espera que me quiero despedir de este lugar…

“Gracias “seres” que aunque no os veo, ahora sé que estáis ahí, porque me han enseñado a ver el brillo de la energía de todas estas pequeñitas formas, gracias bosque por acogerme y os pido perdón de todo corazón por los gritos…”

“Vamos, vamos” dice mi querida amiguita, “que te enrollas un montón jaja, ¡Vamos a jugar!”.

“Vale” contesto, no sin antes echar una última mirada al grupito de Rododendros y guiñándoles un ojo, me despido de ellos en silencio, aunque sé que la hadita que me espera también lo habrá oído ¡Adiós, hasta otro día!.

Gracias planeta y gracias a todos sus “habitantes”.

Toda vida de este magnífico planeta se merece el mismo respeto y amor, aunque no sea capaz de verla. Preciosa lección para un día que amaneció muy lindo.

Si de ti solo sale amor incluso hasta para lo que no ves, solo te puede llegar amor y además multiplicado.

 

Desam Ferrández

Agosto de 2017

 

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