Corre, Sharon, corre

Me dijeron que yo era la elegida, que tenía una misión que hacer. Creí que era un juego. Por fin me podía divertir tras pasar unos meses en este campo frío y serio en el que nos encontrábamos. No entendía por qué no podía ver a mi padre, ni siquiera sabía si estaba en este campo o en otro. A mí alrededor siempre había hombres y mujeres vestidos con uniformes muy limpios y relucientes que gritaban mucho y maltrataban a los que no vestíamos como ellos, a los que vestíamos con viejas telas de rayas, rotas o descosidas. Me maravillaban las botas que llevaban con esos uniformes. Yo quería un par de esas brillantes botas. Las zapatillas gastadas que usábamos nosotras cambiaban de pies en cuanto una de las mujeres desaparecía.No sé a dónde irían sin sus zapatos pero era matemático, no volvía a ver a alguna de las compañeras de barracón pero sus mocasines seguían aquí.

Matemáticas era mi asignatura favorita. Me enseñaba una amiga de mi madre. Una tarde, la señora me estaba enseñando unas cifras que tenía que memorizar muy bien, cuando un uniformado vino a por mí. Mi mamá me dijo que tenía que confiar en él, que era un hombre bueno, que había sido pareja de una de las nuestras y desde que ella desapareció, este hombre hacía lo posible por salvar vidas. Creo que los números que estaba memorizando son cosa de este hombre…claves…coordenadas…no sé. Este señor vino a buscarme, me eligieron porque era pequeñita y cabría perfectamente en el espacio que queda entre una caja y otra en el camión que sale cada noche hacia el pueblo más cercano a la frontera. Me indicaron lo que tenía que hacer. Una vez que bajara este buen hombre del camión iba a entretener al conductor, así yo podría salir y correr, correr muy deprisa hasta que me encontrase con una mujer. Me dijeron que no tuviese miedo, que llegado el momento sabría que hacer.

Y así fue. Paró el camión, mi rescatador me dejó la vía libre. Me dijo “corre, Sharon, corre ahora” y  salí corriendo, Apareció una mujer muy hermosa al final de ese camino oscuro.

El conductor del camión notó algo raro en la actitud del héroe camuflado de carcelero. Miré para atrás y le vi tumbado con algo brillante en el cuello y algo liquido junto a su cuerpo. Esther, la mujer que me abrazó al socorrerme, me pidió que no mirase, pero era tarde, le vi inerte bajo la bota de su verdugo.

Un poco más allá, en el horizonte, se veía salir una especie de humo de unas chimeneas alargadas y un olor familiar me recordó a cuando estaba en el campo, prisionera por todavía no se qué. ¿Qué puede haber cometido una niña de seis años tan malo que se merezca semejante castigo? Ninguna persona merece vivir en esas condiciones. Me parecía la antesala de la muerte.

Esther me preguntó por las cifras que había memorizado y me comentó que esa persona que me había ayudado a salir del campo había dado su vida por acabar de una vez con esta locura de guerra.

Esas cifras que memoricé ayudarían a derrocar a los oscuros seres que gobiernan a la vez que hacen la sombra más grande. Esther dijo que la luz que emiten los héroes y heroínas como yo acabarían con el mal que existe en el mundo.

Yo sólo sentía amor, sentía el amor de mi madre aunque estuviese lejos. La sentía dentro de mi. Estaba llena de amor, un amor muy grande, pleno. Yo era muy pequeña para saber lo que es el amor de una madre, pero sentía el amor de una hija cuya madre dio la vida por ella. Mi madre me hizo ser lo que soy y ahora en este plano en el que me encuentro, solo deseo reencarnar para poder seguir trasmitiendo ese amor y compasión que se merece la humanidad.

Sabiendo lo hermoso que es vivir ¿por qué hay gente que no sabe hacerlo? ¿por qué hay gente que no sabe vivir? Se trata de experimentar, de probar, de hacer, de caerse, de levantarse…y de enseñar a los demás a que si se caen, siempre habrá un ángel que les ayudará a levantarse.

No estamos solos. Yo lo sentí en mi vida anterior. Sentí tanta luz como la siento ahora que sé que lo soy. Somos luz, energía, amor.Lo hemos sido siempre, aunque no lo recordásemos, aunque no lo recordemos cuando estamos encarnados. Diría que todas y cada una delas personas que habitan el planeta, tienen un plan de vida, en cuanto lo averiguas, te entregas a él.

Yo ya sé el mío, espero no olvidarlo cuando nazca. 

Si me reconoces ¿me ayudarás a recordarlo?

Capítulos anteriores:

Marcar el Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *