Ojalá pudieran leerte, artículo de Jose Mª Escudero

Artículo de Jose Mª Escudero, editor de Revista IMO, publicado en la agencia de noticias no violentas, Pressenza

Ojalá pudieran leerte, querido diario, esos chavales que corretean ahora alegres por el patio del colegio ajenos a lo que se les viene encima.

Ojalá que te puedan leer antes de que sus gritos infantiles de risas y diversión se tornen amargos como los gritos de rebeldía de los muchachos que van abriendo los ojos a un mundo que no les gusta, al que se enfrentan.

Ojalá, antes justo de que se sientan incomprendidos, antes de que tengan ganas de probar los sabores prohibidos…esos frutos de la vida que nos encarcelan entre nuestros miedos e instintos de desobediencia.

Sé que alguno me va a leer, querido diario, por eso me atrevo a enfrentarme a mis miedos…

Tengo que pediros perdón, jóvenes, porque somos, los adultos, muy poco coherentes con la vida. No sé por qué motivo nos olvidamos de que también nosotros hemos pasado por esa senda que ahora vais a comenzar, que alguno ya habéis comenzado.

Sois una generación impresionante, entre índigo y cristal, sois invencibles. Eso lo sabéis. Estáis creciendo como supervivientes, como esa rosa que ignorando que está rodeada de asfalto se atreve a crecer en medio de una gran ciudad. Sois parte del milagro más maravilloso que existe, la vida. Gracias por nacer, por crecer, por vuestras alegrías, Gracias por VIVIR.

Desde que somos pequeños nos obligan a tomar decisiones entre pocas opciones, sin embargo el campo de las posibilidades es infinito, pero fijaros, o de izquierdas o de derechas, o choni o pijo, o de un equipo o de otro, si se es de un equipo pequeño se añade “y de este otro” que son los que suelen ganar…no podemos permitirnos apoyar a una opción pequeña, esa sería siempre la opción B, hemos de ir con los grandes. O comunismo o capitalismo…ha caído el comunismo, ha ganado el capitalismo. Hemos perdido todos.

No es capitalismo, es consumismo. Consumismo exagerado, se nos está yendo de las manos. Todos somos ahora objetos de consumo. Dicen, a esto no me hagáis mucho caso porque nos pueden llamar locos, dicen que hay una élite que os quiere aborregar como lo han hecho con nosotros, con mi generación. Os quieren confundir y nos tienen a nosotros, los adultos, como cómplices, aunque nosotros no lo sabemos. Fijaros como están las cosas que para premiaros  os damos veneno en forma de refrescos, chuches, dulces; os ponemos ante programas de televisión creyendo que os educan y os están programando, entre otras cosas hacen que se adelante la adolescencia. Es atroz. Cada fase del ser humano ha de ser vivida y disfrutada. No pretendáis caminar antes de ir a gatas porque la fase de la vista ha de ir adaptándose progresivamente… No pretendáis vivir cosas de adulto con 12 años porque todavía vuestro cerebro no se ha formado, uno de los valores básicos del ser humano, la empatía, se forma en esta fase. La empatía, uno de los valores esenciales para crear un sistema más humano que este que se nos está pudriendo. Vosotros, chavales, tenéis es un gran reto, un desafío importante.

El alcohol, el sexo, los insultos, las amenazas…el dejar de vivir en presencia para crearos historias no reales a través de redes sociales…!que de distracciones estamos creando! Se pasa la vida y no vivís, no vivimos. Vamos en manada siguiendo al líder, al macho alfa, obedeciendo a la élite a través de las series de televisión, de la música, de juegos…

En mi época, para salir con una chica había que pedir primero una cita cara a cara o por teléfono, de góndola, en la cocina de casa, con un cable que no te permitía esconderte mucho. Había que quedar, dar un paseo, intentar coger la mano, primer beso… era precioso. Ahora chavales que se mandan mensajes por WhatsApp con 12 años intentando ligar, quedar  “¿Nos liamos este finde? ¿Me haces una mamada?” Y si responde que no pues a por otra, hasta que se consiga.

Se ha de ser popular  pero ¿Dónde está la popularidad?¿En series como Mujeres y hombres y viceversa?¿Adán y Eva? Donde se muestran hermosos bípedos de cuerpos esculturales que no saben quiénes son los personajes culturales o políticos más influyentes del siglo XX, ni el nombre de una capital europea.

Los chicos quieren ser guays y las chicas populares, normal…Pero es que eso nos pasa a los adultos también. ¿Qué ejemplo podemos dar?

Os pido perdón, chavales,  porque os lo estamos poniendo muy difícil. Sois una generación especial y os están distrayendo. Vosotros habéis venido a cambiar las cosas, con mi generación empezaron a cambiar, pero parece que nos vamos cansando…Vuestra energía de amor puede hacer un mundo mejor.

Yo recuerdo a mi hija que sin apenas saber caminar, una mañana, en la playa se acercó a la orilla mientras su madre y yo nos asustamos y gritamos ¡No vayas hacia la orilla!, mi hija desobedeció y fue directa… a agarrar la mano de una frágil anciana que  quería salir del agua. Nos dejó de piedra. Mi hija vio algo que nuestros cobardes ojos no vieron y no dudó,  fue directa a dar amor, a ayudar a esa enjuta mujer a llegar a su toalla.

Nos distraen, chavales, nos hacen enfocar la vida en las miserias, pero hay algo mucho más bello. Ser conscientes, vivir acorde a nuestra esencia. No olvidéis lo que sois.

Vivid, vivid como podáis, como querías, pero ved siempre la luz,  a pesar de que os hagamos caminar por el valle de las sombras.

Yo confío plenamente en que todo está bien como es. Es más, también he pasado por ese valle que tanto os tienta.

Carpe Diem no es “destroza tu vida ahora para tener un cadáver joven”, Carpe Diem significa deja el móvil y estate en el aquí y en el ahora. Vive en presencia. Vive, que no te cuenten la vida creada en redes sociales.

El consumo desorbitado conlleva deseo, una vez conseguido se ha de buscar otra cosa que creemos nos pueda llenar pero que una vez conseguido, nos hace sentirnos vacíos de nuevo.

Si vivimos en presencia cada experiencia nos reconfortará a nosotros mismos, por eso es bueno que busquemos en nuestro interior lo que creemos se consigue fuera. Todo lo demás son distracciones.

Todo llegará en su debido momento, chavales, os lo aseguro. Os vais a hartar de vivir, pero con conciencia y consciencia. No corráis. No perdáis el equilibrio. O sí, perderlo, caeros y levantaros. Sed conscientes, vivid, vivid… amaros, sobretodo no os dejéis de amar.

Cuentan que a Bob Marley le pegaron un tiro un par de días antes de un concierto. Llegó el momento y, sin que le hubiesen dado el alta, se vistió y se marchó a cantar. Cuando le preguntaron por qué no esperaba a estar curado para actuar respondió “en el mundo hay mucha gente que no descansa para hacer el mal, hace falta poner luz en la oscuridad”.

El mejor consejo que le puedo dar a mi hija adolescente es que camine si es preciso por el lado oscuro pero que ponga luz en la oscuridad, que no se deje llevar por la masa. Ella sabe mucho pero ha de tener sus propias experiencias, de esas que nos hacen evolucionar. Confío plenamente en que todo es como tiene que ser y que ella aportará la luz que hará que el resto del grupo brille por sí mismo.

Enseñar valores con amor

Pressenza, Redactor, Jose Mª Escudero Ramos. Castellón, 2 de diciembre de 2016

Me acaban de contar una historia preciosa, por protección de datos he de cambiar los nombres de los protagonistas.

Un instituto de Castellón, una clase de primero de Secundaria, una profesora muy especial con los clásicos alumnos que están entrando en la “conflictiva” adolescencia.

Hay un chico especialmente alborotador. Su adolescencia efervescente y la educación que recibe en su casa le hace ser un poco agresivo con sus compañeros por lo que estos empiezan a aislarle, nadie quiere jugar con él, no le invitan a los cumpleaños, se siente solo.

El típico día que la gota derrama el vaso, Paloma, la profesora que estaba en el aula en ese momento tiene que tomar una decisión. O le expulsa de la clase hacia el despacho del director, lo que supondría la expulsión del colegio con las consiguientes secuelas y etiquetas sociales de niño rebelde, o darle una segunda oportunidad.

Paloma le pidió que esperase fuera unos minutos. Rafa se fue muy enfadado, a regañadientes, despotricando…”!Qué injusto!!Siempre a mí!”.

Cuando abandona la habitación, Paloma se dirige a los alumnos. “Escuchad, Rafa tiene un problema. Le hace falta amor. ¿Estáis dispuestos a hacer una prueba y darle una segunda oportunidad?” Toda la clase, expectante, respondió que sí.

La profesora continuó “vamos a hacer que pase, le situaremos frente a la pizarra y cuando yo diga, cada uno de vosotros dirá una característica positiva que os gusté de él. Pensad y cuando me digáis le hacemos pasar”

Unos minutos después Rafa entra y se sitúa frente a la pizarra mirando desafiantemente a los compañeros.

Escucha, Rafa -dice la profesora- lo que te quieren decir tus amigos. Rafa, al escuchar la palabra “amigos” abrió los ojos.

Empezó el primero, “Me gusta como juegas al futbol, eres un buen compañero de equipo, haces que ganemos por pasar la pelota”, el siguiente “me gusta cuando cuentas chistes, los vives, eres muy gracioso y espontaneo”, otro “siempre compartes tu merienda cuando a mí se me olvida”…poco a poco Rafa fue cambiando su cara de enfado a la de emoción.  Su expresión mostraba ahora que se esforzaba por no llorar.  “A mí me gusta de ti que eres muy listo, no te cuesta nada entender las lecciones”, “pues a mí me gusta la música que escuchas”, una chica dice “la complicidad de tu mirada”, otra, “tienes estilo” y así los 23 compañeros, “siempre me das folios cuando necesito”, “o me prestas el lápiz” dice otro compañero.

La cara de Rafa era un poema, los ojos humedecidos por unas lágrimas que no dejaba brotar, una sonrisa desencajada que no quería mostrar los sentimientos ocultos. Paloma le puso el brazo por los hombros y le dijo. “Llora, Rafa, permítete llorar. Los hombres sí lloran” El joven rompió a llorar de emoción y gratitud. Toda la clase se levantó y se fundieron en un abrazo caracol, todos haciendo una hermosa espiral, llenando el espacio con esa hermosa energía de amor, perdón y comprensión.

Ese día cambió la vida de muchos niños, en especial la de Rafa, un pequeño gran hombre que podía haber sido expulsado al mundo de la rebeldía y la incomprensión. Todo lo que necesitaba era sentirse amado y valorado.

Gracias a maestras de vocación como Paloma se puede formar personas que no tengan miedo a mostrar sus emociones, es cuestión de educar con valores, en equilibrio, de corazón a corazón.

Todo ocurrió un día cualquiera, en un instituto de Castellón.

 

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