Mi desarraigo…consciente de Mireya M. Ramos Aceves

28 de julio de 2017

Chivilcoy, Argentina

Escrito por Mireya M. Ramos Aceves

 

Creo en Dios; creo en el Universo; en los ángeles; en buda; la luz; la sombra; en los santos; la casualidad; la suerte; en lo que trabajamos, lo que deseamos y se hace realidad o no, o sea creo que todo está para algo y por algo.

Soy mexicana de nacimiento, de corazón y alma. Eso lo llegué a valorar al irme de mi país, hace casi 19 años, que se dice rápido pero es toda una vida.

Cuándo vivía en México nunca pensé que me iría así de una, pero todo eso que mencioné me fue llevando al lugar donde hoy estoy.

Muchas veces deseé irme pero desde el escape, desde “no puedo más” y un día comprendí que si uno no sana lo que hay que sanar, aunque te vayas lo más lejos, te lo llevas contigo. La vida se encarga de que te des cuenta, si es que abres bien los ojos de la consciencia.

Mi primera parada fue España, en Madrid, junto a mi tía y primos que me abrieron las puertas de su casa, pasé cuatro años viviendo allá. Fue toda una experiencia llena de aprendizajes, de algunos momentos duros y otros muy hermosos. Ahora sé que tenía que ser como fue y agradezco  a quienes pasaron por mi vida, a las personas que conocí, los lugares maravillosos que visité. España sigue siendo otro de mis “lugares favoritos”. Mi padre nació allí y siento España muy dentro, me llena el corazón escuchar, y recordar, el flamenco que desde niña lo viví y lo sentí. Deseo poder volver pronto.

Un buen día el destino, la casualidad, Dios o quién sabe quién, puso delante de mí, en el lugar que yo trabajaba,  a un argentino. Un hombre que también emigró en busca de mejores oportunidades, buscando experiencias o buscándose, no sé muy bien, y da igual realmente. El caso es que allí le conocí y sin más comenzó una historia de amor. Vivimos juntos un tiempo en Madrid, tras ese periodo me dijo que quería volver a la Argentina pues allí tenía a sus dos hijos frutos de su primer matrimonio, a quienes extrañaba. Me fui con él hasta un lugar llamado Chivilcoy, su ciudad natal, en la provincia de Buenos Aires.

De esto han pasado ya 15 años y seguimos viviendo juntos. Chivilcoy es mucho más pequeña que la ciudad de México o Madrid, es una ciudad de campo, es un lugar al que me costó mucho adaptarme, una ciudad que me costó mucho aceptar, querer y valorar. Mi desarraigo por muchos años fue muy duro, como a la fuerza. Tal vez en algún momento sentí que me arrepentía de haber tomado esa decisión de venir hasta aquí. Fue bastante duro pues es difícil estar en un lugar dónde no tenía familia, no conocía a nadie. Fue todo un reto. Al principio, más de una vez, también sentí ganas de huir pero por el amor mismo, me quedé. Estaba destinada a conocer el amor incondicional, el amor más grande de mi vida, mi hija Anastasia, que hoy tiene ya diez años. Es entonces cuando todo cambió.

Cuando pienso que no vine por una casualidad solamente, cuando el estar y seguir aquí se convierte en mi mayor aprendizaje…tardé doce años en hacerme con los papeles para legalizar mi situación en el país, eso dice mucho de lo que me costaba aceptar. No estaba del todo aquí, ni en México ni en España. Me negaba a estar aquí. Cada vez que regresaba a México, me llenaba de familia, amigos, olores, comida, colores…lo que hoy, viviendo en la distancia, más valoro. Y a mí vuelta a Chivilcoy me encontraba triste, deprimida, no quería enraizar, no quería sentir que este era mi sitio, justo el que estaba elegido fuese mi lugar de crecimiento, mi lección y aprendizaje, sobre todo para sanar.

Hoy las cosas son muy diferentes, no diré que dejé de extrañar porque eso nunca sucede, siempre voy a querer estar en México en determinados momentos. El estar lejos sigue siendo muy duro para mí, pero un día me di cuenta que sí deseaba dejar de sufrir y pasarlo mal, pues ¿qué mejor que aceptar lo que elegí? lo que la vida me da no es poco. Desde entonces puedo disfrutar del lugar dónde estoy y adaptarme, sentirme parte de aquí que tanto me ha dado, Chivilcoy. Tengo a mi hija, a su padre, a muy buenas amistades, muy buenas personas y muchos ángeles a mí alrededor.

Gracias, gracias, gracias por todo ello.

Un sábado singular. Pensamiento en voz alta de Desam. Ferrández

Castellón, 06 de junio de 2017

Pensamiento compartido por Desam. Ferrández

 

 

Hoy es un día normal, ni mejor ni peor que otro cualquiera, sin embargo yo lo estoy viviendo como una jornada muy importante.

Ha amanecido arrancado con un propósito muy claro, algo me susurra la mente que tengo que sanar.

Tras la salida nocturna de ayer, esta mañana nada más abrir los ojos una idea me ha venido a la cabeza; estoy en un proceso de no sabría muy bien si definir como sanación, resolución, comprensión o todo, bueno la verdad es que no importa mucho la etiqueta que le ponga.

Ayer con el tapeo, las risas, las actuaciones y el dejarme llevar, acabó siendo una velada realmente curiosa, más que nada por el encuentro con las personas que ni siquiera yo había planificado y que “alguien o algo”, muy hábil por cierto, se encargó de que fuera así.

Al levantarme hago caso a esa vocecita que me dice “hay que trabajar esto… y liberar todas las energías que queden adheridas”, en ese momento lo veo tan claro que digo “vale voy a por ello”. Sin ni siquiera desayunar me meto de lleno en un proceso de autotratamiento con Reiki. Me centro en un pasaje de mi vida, sin embargo  sin pensarlo aparece otro episodio y comprendo que es el que verdaderamente hay que sanar, es  inmenso, permito que salga, ¡si aparece ahora es por algo!, mezclo técnicas por lo que acabo haciendo Hoʻoponopono y agradeciendo. Agradezco cada encuentro, cada minuto vivido… echo una mirada al pasado y soy consciente de mis quejas, esto me permite ver lo mucho que me han querido… soy y he sido amada sin límites.

Simultáneamente comprendo una lección muy importante en mi vida, quizás hasta me atrevería a opinar que sea la misma asignatura para toda la humanidad; yo he tardado o mejor dicho he empleado 50 años para entender que el amor incondicional empieza por uno mismo, que el respeto empieza por uno mismo, si yo me amo soy amada, si yo me respeto soy respetada; con esto no quiero imprimir obligaciones al resto de colegas terrenales, solo quiere decir que me doy cuenta que ese amor incondicional del cual hablo, como si solo lo pudiera ofrecer hacia afuera, ha de empezar por mí y ahí está la verdadera tarea, amarme a pesar de mis “defectos”….o quizás debería decir gracias a mis “defectos”.

Acabo la sesión emocionada, con la sensación de haber hecho una tarea importante, sin embargo no acaba aquí, salgo a caminar para eliminar el estrés semanal, despejar la mente y desentumecer los músculos dejando que se sucedan las cosas, sigo en meditación solo que esta vez es en movimiento, junto con imágenes y retazos de pequeños recuerdos que vienen a mi cerebro, me llegan frases de experiencias vividas y el entendimiento… la comprensión de que el universo no es duro conmigo, sino todo lo contrario es suave y amable.

Me percato de cómo me tiene en su regazo sin oprimir, veo cómo ha puesto a ciertas personas en mi camino, en particular las parejas con las que he compartido andaduras, cada una de esas almas puestas según mis necesidades o según mi estado, siento en mi interior todo el amor que he recibido, siento la entrega que me han profesado.

Hoy en particular veo como las señales aparecen con una intensidad brutal, con tal claridad que es difícil no verlas, seguramente ayer pasé por este mismo lugar y no aprecié lo que ahora me parece tan evidente.

Al llegar a casa elijo ponerme una conferencia que hace meses compartieron conmigo en el momento preciso para que me sirva ahora, en mi estado actual, dándome en el clavo otra vez ¿Por qué no la escuché cuando la recibí? Luego recibo una llamada, justo la que necesito y es como… ¿De verdad? ¿Acaso todos los astros os habéis unido hoy para que yo pueda ver y comprender todo esto que me rodea?

 ¡¡Guauuuu!! Esta vida no tiene desperdicio si la disfrutas desde lo más profundo del ser.

Le quito las pilas a mi mente charlatana, para estar atenta a estos encuentros causales.

Bendito, bendito momento, bendito encuentro con cada amor, con cada desencuentro, bendito momento con cada amigo, con cada enemigo y sobre todo bendito encuentro conmigo.

Hoy solo puedo quitarme el sombrero ante el magnífico universo y ante todos aquellos que ponen las señales a mi alcance, me dan la mano y su apoyo incansable e incondicional, para que llegue  hasta donde no puedo explicar y más allá.

No puedo seguir escribiendo mis ojos están llenos de lágrimas, gotas que hoy han salido a la luz en diversas ocasiones, porque a veces, ¡Que digo a veces! Siempre me faltan palabras para expresar lo que siento, este ahora es tan hermoso…

Mil gracias a todos y cada uno que lo hacéis posible día a día.

Mil gracias a los ángeles que me acompañan, y a uno en especial (el hombre al que amo) que me escucha y me anima, me apoya incondicionalmente llorando cuando yo lloro, riendo cuando yo río, porque se empatiza tanto conmigo que siente lo mismo que yo, porque tenemos una conexión especial, hasta me atrevería a decir que ni siquiera es terrenal aunque la vivimos aquí en la tierra.

Mil gracias a todos y cada uno de los hermanos conocidos o desconocidos que han elegido vivir precisamente en este “momento”.