De cebra a unicornio de María Escudero Peña

Madrid, 01 de junio de 2017

Escrito por María Escudero Peña

 

Mi vida la mueve el disfrutar al máximo de cada momento, porque ese momento no se va a repetir nunca más, ese segundo que pasa es único e irrepetible.

Me gusta estar con gente, día a día, que me quiere y me respeta. Es algo que me hace sentir muy bien.

Si lo piensas, te darás cuenta de que al final es genial tener experiencias, que no nos cuenten la vida, tenemos que vivirla para que cuando seamos mayores podamos comer huevo. Mis padres siempre me dicen “cuando seas madre comerás huevos” pues para poder comer huevos tendré que aprender a abrirlos primero ¿No?

Mis padres me cuentan que cuando yo era pequeña estábamos en la playa y había una señora muy anciana intentando salir del agua, yo no sabía casi andar, me levanté y fui a echarla una mano para que pudiese llegar a su hamaca.

Es verdad que alguna vez he llegado a casa tarde, he hecho alguna trastada, alguna más que otra merecedora de un pequeño castigo, pero qué queréis, soy una adolescente.

Un día me preguntaron con qué animal me identificaba más, yo respondí que con una cebra, porque no se sabe si es un animal blanco con rayas negras o un animal negro con rayas blancas. Me volvieron a preguntar que por qué decía eso y yo respondí, que no sé si soy buena por naturaleza aunque a veces haga alguna cosa mala, o mala por naturaleza aunque a veces haga  alguna cosa buena.

Soy adolescente, estoy aprendiendo, no me regañéis porque me equivoque, ayudadme a aprender lo que no sé.

Quiero dejar de ser cebra para convertirme en unicornio.

 

FantasyLand por María Escudero (Cuento)

Érase una vez una niña que se llamaba Alice Brookston, tenía 11 años, vivía en una ciudad llamada Pollyville. Vivía en la avenida Gafrini número 19.

Un día paseaba por la calle y un señor muy elegante y con cierto aire enigmático le preguntó por una dirección que andaba buscando y curiosamente era la suya. Alice le preguntó por su nombre y qué es lo que quería exactamente de esa casa.

El señor respondió “me llamo profesor Humbert”. Le dijo amablemente que si podía hablar en privado con la niña que vive en esa casa, ella respondió que sí que era ella y le llevó a su casa.

Al llegar, Humbert empezó a hablar sobre un amuleto mágico que supuestamente ella tenía, dijo que ese amuleto había pertenecido a una tribu mágica en un lugar llamado Fantasy. Alice intrigada le preguntó de qué se trataba y, el profesor le empezó a contar qué Fantasy era un lugar mágico y muy especial donde habitaban criaturas magníficas y maravillosas. Era como un sueño, el amuleto que la niña poseía era una clave de la princesa Magity Rainbow para poder tener acceso a la sala donde guardan el espíritu de la magia y de la fantasía, es muy importante custodiarlo adecuadamente.

El sueño se convirtió en pesadilla cuando la magia empezó a perder efecto. El color de Fantasy se tornaba gris. Alice le interrumpió “¿podía ser verdad? ¿qué puedo hacer para ayudar?”. “Buena pregunta, querida. Vamos a esperar a tu padre, le contamos lo que está pasando, le pedimos permiso y nos vamos a Fantasy”.

Alice pensó que desde que murió mamá no cree ni en magias ni en fantasías. Humbert respondió a ese pensamiento “lo bueno de la magia y la fantasía es que hacen creer a los que más lo necesitamos, a los que una vez creímos. Y volveréis a sentir el amor de vuestra madre”. Alice se emocionó al escuchar las palabras.

Jonas, el padre de Alice, llegó a casa, escuchó pacientemente asintiendo con la cabeza. Al acabar de escuchar, tras un rato de silencio, miró a su hija a los ojos y sonriendo preguntó ¿qu¡én no necesita unas vacaciones? ¿cuándo nos vamos?.

El viaje hasta Fantasy estuvo lleno de magia, caminaron sobre inmensos lagos, subieron a saltos por enormes cataratas, se deslizaron por un gran arcoiris, saltaron por hermosas nubes blancas hasta que llegaron a la más elevada. Una vez allí, lo que vieron les emocionó. Era la princesa Magity, era exacta a la madre de Alice. Padre e hija se miraron con los ojos bañados en perlitas transparentes. Salieron corriendo y atravesaron volando el foso que les separa del castillo. La princesa les recibió con mucho amor. Le hicieron entrega del amuleto y todo el reino volvió a recobrar el bello color de la magia y la esperanza.

Jonas y Alice, agradecieron a Humbert todo lo que había hecho por ellos, habían vuelto a creer en el poder de la fantasía y la magia, pero lo más importante, en el poder del amor. El amor de una madre, de una princesa llamada Magity. Ya no habrá más dudas ni más miedos.

Volvieron a su casa en la Avda Gafrini, y a partir de su regreso la suerte de padre e hija cambió. Ahora son felices para siempre porque creen, creen el uno en el otro y en el poder de la fantasía.

Firmado:

Magity Rainbow 😉

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