La mente más allá de la muerte de Dzogchen Ponlop, reseña de libro

Reseña escrita por Jose Mª Escudero Ramos

 

 

  • Título: La mente más allá de la muerte
  • Autor:  Dzogchen Ponlop
  • Editorial: Kairós
  • Año de edición: 2015
  • ISBN: 9788499884479

 

 

 

 

Dzogchen Ponlop Rimpoché, maestro de la meditación, nos introduce en el mundo del Bardo Todol.

De una manera entendible y asumible nos hace ver el camino de la vida no es otro que el tránsito entre dos mundos etéreos, los intervalos de vida y lo que desde aquí consideramos como el MÁS ALLÁ, que no es otra cosa que la vida después de la vida, la vida en otra forma, aunque lo que consideramos vida física no es más que el tránsito entre dos estaciones.

El libro está basado en sus conferencias y talleres que imparte a lo largo del mundo y que le pidieron lo transcribiese. De ahí sale este hermoso libro que nos hará perdamos el miedo a vivir, a disfrutar de la vida y a no temer a lo que todos tenemos por seguro, a morir.

Muy recomendable lectura no solo para perder el miedo a la muerte, sino para disfrutar más de la vida.

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El lenguaje de los árboles de Pepa Horno Goicoechea

 

  • Título: El lenguaje de los árboles
  • Autora: Pepa Horno Goicoechea
  • Ilustrado por: Martina Vanda
  • Editorial: Editorial Fineo
  • Año publicación: 2015
  • ISBN: 9788416470006

El lenguaje de los árboles de Pepa Horno Goicoechea es poesía espiritual para todas las edades. Aunque va dirigido a los niños, es una buena lectura para adultos también.

Durante el breve cuento de 28 páginas la autora nos cuenta la relación de un niño y su abuelo, de cómo este le enseña a escuchar con los oídos del corazón y de cuándo el pequeño se da cuenta de lo que le quería decir el abuelo, justo cuando el abuelo ya no está para poder tocarle, verle y sentirle físicamente pero sí a través de los susurros de la naturaleza.

AL final del libro Pepa Horno regala unas “palabras para el alma de los mayores” con las que nos invita a reflexionar para que perdamos ese “miedo inculcado” a  la muerte, a la vez que nos invita a vivir asimilando las emociones en lugar de reprimirlas y ocultarlas.

Una joyita bellamente ilustrada por Martina Vanda.

Reseña escrita por Jose Mª Escudero Ramos

 

Meditación Nº2, La Muerte

 

Espalda recta, pies en paralelo, vamos a relajarnos y a dejar que fluya a través nuestro algo maravilloso.

Estamos haciendo una meditación guiada.

Expulsamos todo el aire de nuestros pulmones por la boca, hasta vaciarlos.

Respiramos por la nariz llenando los pulmones con aire de energía renovada, hasta llenar los pulmones hasta la boca del diafragma, depende de nuestra capacidad pulmonar, tardaremos más o menos…así hasta tres veces.

Sentimos las raíces que salen de nuestros pies y se conectan con el centro de la tierra. Pachamama, se conectan con el universo, los seres de luz más avanzados en el amor incondicional.

En nuestro corazón vemos como si fuese una cueva, una llama comienza a encenderse, como una hoguera que expande su luz por todo el cuerpo.

Ahora hemos dejado de ser nosotros mismos para llegar a ser un todo de amor incondicional.

Sentimos el calor de la fogata, amor, por nuestro cuerpo.

Sentimos y amamos sin límites, porque en el plano energético dónde estamos, dejamos de ser para llegar a SER, entendemos todo.

Entendemos que somos seres de luz más o menos avanzados, somos como ángeles que hemos venido a este mundo a dejar una enseñanza, un mensaje y también para aprender, aprender a amar como humanos, porque como seres de pura energía somos puro amor incondicional.

Y amamos sin apegos, porque somos libres, dejamos que todos sean libres y vengan a este plano a enseñarnos a amar, aunque duela, aunque se vayan pronto…quizás sea porque ya han dejado la semilla, su huella, su mensaje y nos hayan enseñado a amar, amar sin apegos, amar la esencia del ser, la luz…la luz que a todos nos une.

Ahora que hemos dejado de ser, con minúsculas, podemos llegar a sentir y entender…entender que todo pasa por algo, y aunque en el plano terrenal duela y no le encontremos sentido, todo pasa por algo, el universo no hace nada en balde. Es sabio. Somos sabios.

Hay un dicho, cuando nacemos todos ríen y yo lloro, cuando morimos, yo rio y todos lloran…pero ahora yo entiendo. COMPRENDO la inmensidad de la vida a través de la transcendencia de la muerte, y muero y estoy vivo y comprendo, entiendo que todos somos lo mismo y os pido que sufráis lo justo, porque tras un sufrimiento hay una evolución…

Ahora podemos sentir a los seres de luz, nuestros guías que juegan alrededor nuestro, felices, se ríen…sentimos como  luces de colores que nos susurran y nos dan calor con sus alas. Es el puro amor incondicional.

Les sentimos un rato…bailando, jugando, riendo

Ahora les dejamos ir… Nos despedimos sabiendo que están bien, que todos somos parte de un todo, la unicidad, que cuando los necesitemos les podremos sentir, en nuestros corazones, pero les dejamos ir porque son libres, les amamos, sin apego. Eso es el amor.

Poco a poco vamos a sentir el calor en nuestras manos, en nuestro cuerpo. Volvemos a ser, dejando la energía que no nos corresponde vuelva a su lugar en el universo. Nos quedamos cada uno con lo suyo. Y el amor incondicional del universo.

Ahora comprendemos que todo pasa por algo.

Ponemos las manos en posición GASHO y agradecemos al universo todas sus enseñanzas.

La muerte

La muerte, ese final seguro del cual nadie se escapa y al que nadie quiere llegar, representado tanto por una dama blanca como por una calavera con una guadaña.

Es curioso cómo se monta un jolgorio por un nacimiento y en un funeral solo hay tristeza, es un poco incoherente, venimos a esta vida como una mota de conciencia que encarna en una forma humana, para luego vivir una experiencia terrestre, al final desencarnamos y volvemos al planodel cual vinimos, entonces ¿Por qué no hacemos una fiesta para celebrar que esa personita consiguió su propósito?

El fallecimiento es la única certeza que tenemos al nacer, después de nueve meses, más o menos, de gestación, nacemos, después de unos años de vida, morimos, entonces ¿Por qué tanta desesperación vivida por los que se quedan en la tierra? ¿Por qué tanto apego al difunto?

Pues sucede esto porque no nos educan a morir, no nos educan a ver en este acto, otro más del cual el cuerpo se encargará de hacer maravillosamente, como todos los demás actos a los que estamos acostumbrados a ver y que el cuerpo hace sin ningún esfuerzo.

Otro motivo es porque es tabú hablar de ella. La mayoría de personas no quiere hablar del tema, no sea que al mencionarla venga la dama antes de hora. Cosa que dudo, porque como si ya estuviera escrito moriremos al final de nuestros días.

Miremos la muerte desde otro punto de vista, y si esta fuera la recompensa tras el juego bien realizado, o incluso el final de una partida ganada… ya no la veríamos tan terrible.

Si en lugar de decirnos que si nos portamos mal iremos al infierno, o cuidado que hay un juicio final, nos dijeran que al morir obtenemos la recompensa de estar con seres de alta vibración amorosa, seguro que no tendríamos tanto temor a dar el paso de soltar el cuerpo y haríamos como los indios, en alguna cultura de indígenas, se van a la montaña para dar el paso de soltar el cuerpo y pasar al otro plano, en pleno contacto con uno mismo, esto me parece muy hermoso, aunque en nuestra cultura no se practique.

Yo me crie en la fomentación del miedo y la prohibición a todo, claro está, hablar de la muerte prohibido también, hasta que murió mi padre y entonces me lo comí todo con patatas y además esperaban de mí, que hiciera lo correcto, tenía que saber cómo actuar y por supuesto conocerme el protocolo de la buena conducta en un evento que me venía más que grande. Lo hice como supe y salió como tenía que salir, pero yo quedé  tocada casi de muerte, fueron años de negación e ira hacia muchas cosas. Noches enteras pidiendo que solo fuera una pesadilla, pero no lo era, era la cruel realidad.

De estas noches de silencio, ocultando las lágrimas y la desazón, porque me metí en la cama del cadáver, para suplir lo que su pareja necesitaba, pero eso sí, sin palabras, ya que seguía estando prohibido hablar de qué pasa después de la muerte, pues existía el peligro de que se nos cayera el muro de protección y arrastrar con él un corazón que ya estaba herido de gravedad, salió mi técnica personal de dormir pase lo que pase en mi interior, después de noches de práctica conseguí dejar de escuchar a la mente y ver solo un punto negro, en el me concentraba y desaparecía todo lo de alrededor, el punto crecía, me envolvía hasta queal final solo estábamos él y yo, nada más, ni pensamientos, ni sentimientos, solo la oscuridad en la cual me refugiaba para encontrar la calma, que mi cuerpo necesitaba para desconectar las pilas y poder descansar.

El tiempo me hizo cambiar de casa, de cama y de pareja, pero el silencio, las lágrimas y la desazón no me abandonaron, la herida seguía abierta, en ese momento era yo la que no quería hablar, no sabía ni cómo, ni qué decir. Me puse mi disfraz favorito, con una gran máscara, para que se viera solo una cara alegre por fuera y nadie pudiera llegar a mi corazón lastimado, con lágrimas eternas y noches oscuras, aparentando una mujer afable, pero que era capaz de sacar las garras rápidamente si intuía algún tipo de invasión u agresión.

Ahora sé que el clan completo necesitábamos ayuda para realizar el duelo como nos merecemos. La rabia y el resentimiento no son buena compañía, la suerte es que soy tozuda y fuerte como una mula, conseguí salir reforzada y empoderada, metí la pena, la culpa y algo más en un frasco, guardándolo en mi corazón, para esperar al momento adecuado y poder liberarlo. Hacerlo así no fue por coherencia sino por ignorancia.

Los años pasaban y yo seguía deambulando, sintiendo un peso que no comprendía, siempre en la superficie, hasta que empecé a conocer y estudiar algunas terapias, entonces fue como abrir la caja de Pandora. Al abrirla me tuve que retirar, ya que había más porquería de la que yo era consciente que poseía, puesto que el frasco se había infectado saliendo de él sapos y culebras. Era el momento para empezar a trabajar, por mucho vértigo que me diera, me armé de valor y utilizando cuarzos, meditación y reiki empecé a sanar y liberar todas esas emociones bloqueadas. Me hicieron falta muchas sesiones de conexión con mi interior, para ir deshaciendo la gran maraña que me había formado, sola…o mejor dicho conmigo, con lágrimas…fui soltando a mi ritmo, hasta que un día el perdón, la comprensión y la gratitud me inundaron. A partir de ahí todo fue saliendo con amor, contacté con mi padre a través de un reiki, le hablé, me habló, nos miramos, me miró como solo él me miraba, con tanto amor en sus ojos que parecía que sus pupilas se fuesen a deshacer, entonces comprendí que los dos estábamos en el lugar adecuado. Luego en varias ocasiones más he contactado con él, para hacer algún otro trabajo, le he dicho cuanto lo amo, lo orgullosa que estoy de haberlo tenido como padre y lo agradecida que estoy por el amor que me ha profesado. En alguna ocasión y sin mi intención lo he visto y mantiene esa mirada desbordante de amor que derrite mi corazón. Ese corazón por fin liberado de todo lo que escondí, brilla sin mascara, se cayó el disfraz que durante tantos años me sirvió para pasar desapercibida y ahora vive libre, feliz, sin culpa, sin rencor, con amor, con ese amor que se va cultivando poco a poco, pues la vida es tan maravillosa, que solo se puede ver desde el amor.

Gracias a esto valoro la muerte de otra manera, sin miedo al tránsito, ya que es algo ineludible mejor hacerlo con una sonrisa y buen talante que con miedo y apego.

Además es la META.

A veces pienso…si me muriera ahora mismo ¿Significaría que lo que vine a aprender, ya lo he aprendido? Esa pregunta se queda sin responder, ya que hay varias posibilidades.

Artículo escrito por Desam. Ferrández