El cinismo de la muerte por Jordi Gracia

Nos ha llegado una visión crítica de la muerte y del recuerdo de la muerte. Es muy crítica pero es un punto importante para meditar qué es la muerte y dónde la situamos…¿En la memoria, en una tumba, en el corazón? Hay muchas forma de recordar y este artículo que compartimos seguro que da para otros artículos, yo estoy deseando escribir algo más sobre lo que sé de la muerte hasta ahora. Pero hoy el pensamiento es de Jordi Pipa, gran amigo y seguidor de Revista IMO.

Sentiros libres de opinar, responder, que tengamos un dialogo plural y enriquecedor sobre un tema tan interesante como el de la muerte.

Jose Mª Escudero Ramos

Editor de Revista IMO

Cuando visito un cementerio no puedo evitar fijarme en las lápidas, leer el texto y ver la foto.

Curioso cuando veo la foto de un hombre “M.H.M.” 1942-2007 “Tu mujer, hijos y nietos no te olvidan” y pegada a la lápida una pegatina blanca del ayuntamiento “PARA EXHUMAR” con una fecha límite. Esa es la segunda muerte de M.H.M en el 2007 murió y en el 2017 vuelve a morir cuando sus restos pasen a un osario común o sean incinerados y limpiamente eliminados. Morimos cuando nos olvidan, si preferimos esta expresión, y obviamente ni su mujer, ni sus hijos, ni sus nietos se han acordado de renovar el pago para que su “inolvidable” esposo, padre y abuelo siga descansando sus restos en el lugar en el que fueron depositados, “su última morada”.

Es el cinismo de la muerte, como lo son las flores de un sólo día, de una fecha señalada en la que se recuerda al “inolvidable”.

Nada es eterno, ni siquiera la muerte, solo el olvido es eterno e irremediable, pues los que aún recuerdan a los que fueron sus seres queridos, también se irán y ya nadie recordará a ese ser, que vivió, que amó, que ayudó, que sintió y finalmente desapareció para poco a poco difuminarse en el olvido, el inevitable olvido humano.

Hace poco visité la tumba de un ilustre de mi ciudad, y sus familiares. Algo menos de seis décadas del último morador del nicho familiar. No hay flores, no hay recuerdos, tan solo las letras grabadas en la piedra prácticamente borradas por la erosión de los años y nada más. Todos ellos murieron un día y volvieron a morir con el último recuerdo.

Jordi Gracia

Valencia, 10 de agosto de 2017