LAS VOCES DE LOS ARBOLES CON HANI, Capítulo II, por Desam Ferrández

Hoy es un día normal, me levanto, me pongo las mallas y salgo a caminar, cuando ya estoy en la calle me encuentro con un súper regalo: está “chispeando”, ¡me encanta!, cambio de ruta por si arrecia, cojo un recorrido bastante habitual por el cual paso al lado de un árbol.

Es un árbol  hermoso, grande, con varios troncos, es como si me llamará cada vez que paso por allí, para darle un abrazo. Tengo un feeling especial con él, conforme me voy acercando ya voy abriendo los brazos, hasta que lo alcanzo y lo abrazo. Me he pinchado en una mano porque no recordaba que tenía espinas, no importa lo abrazo igualmente, ja ja, a pesar de tener los pinchos siempre hay un huequito para colocar mi cabeza o mi frente,  apoyándome en el tronco lo envuelvo suave, sin apretar mucho, noto que su tronco está mojado y él me lo dice: no te acerques mucho que estoy calado y te puedes empapar, le contestó que ya me he dado cuenta que está empapado, nos quedamos otra vez en silencio… me encanta sentirlo y le digo eres un hermoso ser divino allá donde los haya, abre mucho los ojos, esos ojos etéreos que no se pueden ver con los ojos físicos, me hace un gesto mirando a todos sus compañeros, es una plaza donde hay más árboles y me dice que “hay más seres divinos muy cerca” y yo le digo un “vaya es cierto, estamos rodeados de árboles” y empezamos a reírnos, nos tronchamos de risa, ja ja, nunca mejor dicho, me despido diciéndole que le amo y sigo mi camino.

Este encuentro me hace sentir que tengo ganas de pasear por un bosquecito, hoy es un buen día para hacerlo así que me encamino hacia la arboleda, tengo mono de verde y me apetece un montón estar rodeada de estos seres divinos, quietos, majestuosos y vivos; sin darme cuenta me he metido en el corazón del bosque dónde encontré a la muchacha alada, al percatarme la busco con la mirada pero no la veo, aquello debió de ser un sueño y seguramente no volvamos a encontrarnos. No importa voy a dar mi paseo.

Voy recorriendo el bosque admirando los árboles, escuchando el silencio, los pájaros y el crujir de mi caminar, de repente veo a Hani, ella me mira a lo lejos y me dice

– ¡Hola! mientras se va acercando ¿Hola te acuerdas de mí?

Yo me río y le digo “como no me voy acordar de ti, no eres muy común”.

-¿Perdonaaaa? ¿cómo que no son muy común? ¿A qué  llamas tú común?

-Yo le llamo común a algo que es muy habitual.

-¿Y yo no soy habitual?

-Quizás me he explicado mal, quiero decir que donde yo vivo no hay seres como tú jajaja.

-Será que tú no los ves.

-Posiblemente.

-¿A dónde vas?

-A ningún sitio en concreto, solo paseo y disfruto. ¿Sabes? he tenido una conversación con un árbol y he sentido la necesidad de venir al bosque, para disfrutar de la belleza de la vegetación y de la calma que desprende este entorno.

-¿Has hablado con un árbol?

-Sí, bueno hablar, hablar no sé, se puede decir que nos hemos comunicado.

-Gualaaaa, no sabía que te comunicabas con los árboles.

-A veces.

-Ven, me coge del brazo y tira de mí. Vuela como el otro día, me dice.

-No sé si podré hacerlo, lo del otro día debió de ser una imaginación porque volar, lo que se dice volar no sé si soy capaz.

-Coge mi mano y siente que eres ligera, así a lo mejor puedes andar sin tocar el suelo.

-¡Guau mola! estoy a dos dedos por encima del suelo!, ¡qué buena eres Hani! ¿A dónde me llevas?

-A que veas un árbol muy chulo, bueno a mí todos me parecen chulos, pero este es anciano y a lo mejor puedes conversar con él.

Hani me lleva hasta un árbol precioso, inmenso, majestuoso, solo acercarme a él me deja sin respiración qué precioso es, ella me dice “apoya tu oreja en el tronco”, le hago caso.

-¿Oyes ruidos?

-Escucho como un siseo.

-Presta más atención, concéntrate

-Guauuuu qué bien me siento, cuánta paz desprende, no tengo prisa me voy a quedar un rato aquí.

-Yo tampoco tengo prisa ¿Te puedo hacer compañía? dice Hani

-Sí claro.

-¿Te habla?

-No, o por lo menos no lo oigo, pero sí siento la calma y la sabiduría, sigo así apoyada durante un buen rato, hasta que Hani se cansa y quiere moverse de sitio.

-Ven, vamos a ver otro, me dice

Es un ser inquieto y se ve que estar parada durante tanto tiempo la altera y tiene necesidad de moverse, me lleva a los pies de otro enorme árbol, es más alto y tiene el tronco más fino, la verdad es que tampoco  podría decir que una especie u otra es más hermosa, sin embargo decir que hay árboles que pasan más desapercibidos y otros que me impactan más, este es sobrio, serio y no invita a abrazarlo sin embargo no hago caso a esta primera intuición, lo abrazo me quedo ahí sin prisa dándole las gracias por ser, por estar y por permitir.

La pequeña me hace un buen recorrido y me sigue enseñando árboles, en un momento dado le digo que estoy un poco cansada, me gustaría tumbarme y ver el cielo a través de las hojas, esto es algo que me encanta.

-Muy buena idea, a mí también me gusta, dice Hani

Nos tumbamos sobre la mezcla de hierba y hojarasca, vemos otro regalo la lánguida caída de las hojas, se dejan caer despacito disfrutando del trayecto, sin prisa, sabiendo que el final inexorablemente está próximo y aun así Juegan con el aire, dejándose acariciar por el sol mientras inevitablemente va hacia la tierra, junto con otras hojas que han tejido un manto sobre el suelo, disfruto viendo cómo se lanzan estas hojas intrépidas a cámara lenta… bailando con la nada.

-¿También hablas con las plantas? me pregunta la pequeña sacándome de mi ensimismamiento.

-No, nunca lo he hecho, también es cierto que tampoco he abrazado a una planta.

La cría tira de mí para moverme hacia otro lado, a pocos pasos tenemos una planta trepadora con montones de flores.

-¿Que sientes?

Me quedo en silencio con esos momentos de comunión hasta la primera comunicación, sin embargo ésta no se realiza. La incansable duendecilla me empuja esta vez de flor en flor, parecemos abejas en busca de un poco de polen y en cada planta nueva me interroga, por si recibo algún tipo de saludo, estoy agotada de tanto esfuerzo por sentir u oír algo. Creo que la conexión no surge así.

-Vale Desam ya te he oído, vamos a un prado y descansamos.

-No me acordaba que oía mi pensamiento, jaja. Nos tumbamos bajo los rayos del sol, siento sus caricias en mis mejillas, me duermo plácidamente sobre el colchón verde de hierba, cuando despierto después de no sé cuánto tiempo Hani no está a mi lado, sin embargo me ha dejado un presente, unas fresas silvestres, me las como no sin antes darles las gracias. Es hora de regresar, me alejo dando las gracias a todos los seres que veo y a los que no veo, diciéndoles que los amo, que me siento muy feliz entre ellos, mi pensamiento ya está mirando la agenda para organizar la vuelta a este prodigioso lugar, en el cual me siento genial, me relaja cuerpo, mente y espíritu, equilibrando todo mi organismo.

Vivir en armonía con la naturaleza, respetando y conectando desde el corazón, me deja con un sentimiento muy armonioso y con cara de felicidad.

Hasta el próximo encuentro amores.

Gracias.

 

Desam. Ferrández