La paz tras la… Experiencia compartida por Desam. Ferrández

Castellón, 14 de octubre de 2017

Redacción: Desam. Ferrández 

 

Hay días que no tienen desperdicio, y este ha sido uno de ellos, aunque realmente ya estoy en el día siguiente.

En el muro de mi Facebook aparece una canción que habla sobre la Guerra Civil Española, tiene una letra preciosa, con una estrofa poética que dice “sí mi sangre fuera tinta y mi corazón tintero, con la sangre de mis venas te escribiría te quiero”. 

La primera vez que la escuchado se me ha erizado todo el vello, aun así, no sé qué tiene que no puedo parar de oírla, seguramente mi ser quiere seguir escuchándola para decirme algo, por lo que hago caso a ese instinto, y me voy a meditar con esta canción de fondo, la escucho y empiezo a analizar lo que dice mi “cuerpo”.

Siento opresión en la espalda, con un dolor profundo qué cala hasta mi interior, desde mi abdomen aparecen las náuseas, el pie izquierdo no deja de picarme, todo el conjunto de síntomas resulta muy curioso.

Creo que he de hacer Ho´oponopono y que posiblemente estoy sintiendo algo que viví con anterioridad, la respiración también se ve afectada, empiezo a balancearme y hacer Ho´oponopono, lo siento, perdón… más no remiten los síntomas, empiezo a  rascarme el pie con insistencia, hasta que me doy cuenta que me lo estoy estrujando, siento que el Ho´oponopono se queda corto, por lo que invoco del mar de las infinitas posibilidades, que elijo experimentar en este momento, que sano todas y cada una de las veces qué herí o mate, en esta vida y en las anteriores a algún ser. Esta forma de pedir la aprendí de un video que vi de Neale Donald Walsch 

La energía aparece fuerte en mis manos, subiendo la temperatura hasta casi llegar a quemar, sigo balanceándome y escuchando machaconamente la misma canción, una y otra vez, una y otra vez, no puedo respirar, sé que todo esto me está diciendo algo, escucho mi cuerpo que habla a través del erizamiento de mi vello, habla a través del nudo en la boca del estómago, aquí hay algo más, libero y sano… me perdono de todas y cada una de las veces qué herí o mate a algún ser, dejo de estrujarme el pie, no sin antes haberme dado cuenta que ya me está doliendo la mano de tanto que presiono y de repente un “Clic”, el clic maravilloso de la comprensión.

Esto viene a liberarme del picor y de las náuseas, comprendo que en cada vida y en cada situación hice lo que tenía que hacer, me abrazo, esta vez sin necesidad de perdón, me abrazo y agradezco cada experiencia.

Dichas experiencias me han hecho como soy, me han ido puliendo y agradezco esta forma de sentir, aunque sea a través de la náusea, ya que para mí es el detonante que expresa que he de hacer algo.

Acabo con la meditación…preparo una infusión y me voy al ordenador, aunque sea la una de la madrugada no importa, vivo el presente, esto es ahora, no es preciso dormir, hago caso a lo que mi corazón me dicta, en este momento quiero escribir, ya dormiré en la otra vida.

Qué bonito poder ser libre y sentirme libre y decir un “NO” bien grande a la mente, la mente me dice “has de dormir“ por qué mañana bla bla…, pero mi cuerpo dice ¡NO!, vete a escribir, disfruta del ahora, hazte una infusión y saca lo que llevas dentro, es otra forma de liberar, es otra forma de agradecer a esta colega, que compartió una preciosa música que me ha llevado de la sanación, a la comprensión, desde el desagrado del dolor y las lágrimas, hasta el placer de la sonrisa, con un cuerpo y una mente en paz, a pesar de haber tenido un día sin paz, para continuar con una música que también me había arrebatado el sosiego. Estoy viva y gracias a estas emociones desde lo más interno de mi ser, salen estas palabras qué brotan desde el tintero precioso del corazón, desde ahí, solo desde ahí se puede vivir, para abrazarme y comprender que estoy viva y libre.

Reflexión, dos puntos:

Después de vivir estos sentidos enredándome con las lágrimas y la desazón, recuerdo que la semana pasada vi una película titulada “Hasta el último hombre”, que no pude acabar de ver, el tema de la peli, la guerra… y sentí tanto dolor, que lloré desconsoladamente con una pena intensa desde lo más profundo de mi ser, desde la profundidad de mis entrañas, me puse a llorar hipando como los niños sin poder parar.

Yo creo que todos hemos sido verdugos en otra vida, y que también hemos estado formando parte del otro bando, aunque ahora voy a hablar de mí.

Yo he sido verdugo y seguro que en la guerra civil he matado algún compañero, amigo que seguramente algún día me ayudó a levantarme y sin embargo, con el paso de  los años, cambian las ideologías, y entonces fui capaz de blandir un fusil y disparar a mi “amigo” que una guerra lo convirtió  en mi peor enemigo y le arrebato la vida sin pensarlo, a sangre fría.

Voy a ir más allá, como dice la física cuántica que todos somos uno, si todos somos UNO y yo soy mi amigo, sí yo he matado a mi amigo y soy él, yo me he matado a mí misma…

¡Esto es muy fuerte! ¡Yo me he asesinado! Llegado a este punto, no paro de dar gracias por poder sentir esto y poder solventarlo, me abrazo a mí y a todas mis células, resolviendo esta historia con este tema, con esta canción que hizo de conmutador hasta hacer que todas mis células temblaran y se estremecieran.

Gracias, gracias, gracias… abrazo mi cuerpo, abrazo cada célula y me lleno de luz para terminar con este episodio.

Gracias, gracias, gracias.

Mil gracias cuerpo, por las inefables sensaciones.