De qué habla el Corán, libro escrito por Vicente M. Mota

Castellón, 20 de enero de 2017

Reseña escrita por Desam. Ferrández

Título: De qué habla el Corán

Autor: Vicente M. Mota Alfaro

Nº de páginas: 199

ISBN: 978-84-608-7076-0

Año de publicación: 2016

Vicente M. Mota Alfaro es un valenciano como otro cualquiera. Bautizado en la fe católica. Un día estaba estudiando la Biblia y al llegar al pasaje de la crucifixión de Jesús no pudo seguir leyendo. Su búsqueda le llevó a estudiar el Corán, se hizo musulmán, estudió Teología y Jurisprudencia Islámica en la universidad islámica de Chateau-Chinon de la Borgoña francesa, es ex-imán del Centro Cultural Islámico de Valencia. En 2016 publicó su libro “De qué habla el Corán”.

Así comienza este magnífico libro

En el nombre de Al-lāh,

el Misericordioso, el clemente.

Este libro ha caído en mis manos, gracias a que  tuve el honor de  participar con unas compañeras en dos talleres, uno de Reiki y otro de Técnica Metamórfica, con unas maravillosas mujeres convertidas al Islam, fue un regalo de ellas, sin embargo el mejor regalo fue sentir sus almas.

Estas damiselas son todo amor, han abierto mis ojos haciéndome partícipe de sus intimidades y una vez más confirmo que  no se puede generalizar, basta de ponernos etiquetas, de que los unos somos y de que los otros son. Al fin y al cabo todos somos lo mismo “Amor y energía” y entre todos “la unidad”.

A continuación transcribo partes del libro, tal cual están escritas.

El Corán dice que el ser humano ha sido dispuesto en este mundo para servir a Dios y ha de practicar las dos tareas para las cuales ha sido dispuesto en este mundo, la regencia y la servidumbre:

El concepto de servidumbre consiste en todo acto que la persona realiza con el fin de obtener la complacencia de Dios, la persona no solo debe de aprender cómo relacionarse y servir a su Señor, sino que además debe saber y conocer cómo relacionarse, convivir y tratar con el resto de las personas. Ellos tal y como aclara el Islam en base a un principio fundamental el que todos los seres humanos son criaturas de Dios y por consiguiente nadie puede transgredir la integridad física, ni moral, ni espiritual de ninguna persona, todo aquel que transgreda su vida, su honor, sus bienes, etcétera deberá rendir cuentas el día del juicio de Dios.

Cualquier acción que la persona ponga en práctica para obtener la complacencia de Dios es considerada un acto de servidumbre, ahora bien, conviene saber en qué cosa y en qué fines se manifiesta esa complacencia divina… el Corán nos enseña cómo obtiene la persona la complacencia de Dios en todo cuanto pueda realizar en su vida, siempre que cada una de sus obras este aposentada con sobre la intención; una intención sincera y basada en lo que Dios le ha legislado.

 De entre las muchas obras que el creyente puede realizar para obtener la complacencia de Dios, podemos citar las siguientes:

  •  el buen trato a los padres
  •  el buen trato a los familiares
  •  el buen trato a los huérfanos
  •  el buen trato a los pobres
  •  el buen trato a los vecinos
  •  el  buen trato a los animales
  •  el buen trato a las plantas

El Corán también habla de la felicidad, dice: si queremos obtener la auténtica felicidad debemos ahondar en lo más profundo de nuestro fuero interno, pues la auténtica felicidad no depende de agentes externos, los cometidos más hermosos que puede plantearse la persona en esta vida, es la de ser feliz y hacer felices a los demás.

 El Islam busca materializar en toda persona dos tipos de purificación: una mental y otra espiritual, para que así, las obras humanas vayan conformes a la moral, la justicia y la buena acción. En conclusión, lo que busca es que se implante en su corazón las mejores virtudes y las más bellas cualidades dignas del creyente, como en lo referente a Dios: el guardase dé Dios, la sinceridad, la paciencia, la perseverancia, la introspección, el temor de Dios, la penitencia, encomendarse al Dios de la rectitud, la meditación en la creación, el apresurarse en hacer buenas acciones, la lucha con su propio ego…

Y para con los seres humanos: las buenas cualidades: como la incitación al bien, la colaboración en las buenas obras, el buen consejo, ser justos con los demás, mandar lo que está bien y prohibir lo que está mal, cumplir con las obligaciones, reconciliar a la gente, el buen trato los padres, ayudar a necesitados, encargarse de los huérfanos, dar de comer al hambriento, gastar el dinero en cosas de provecho, ayudar al pobre, visitar y cuidar a los enfermos, ser cariñoso con los niños, el buen trato los familiares, sacrificarse por los demás, alejarse de las cosas corrupta ser indulgente y amable, perdonar a quién ha cometido injusticia, no insultar, no difamar, no engañar, no mentir, no robar, no transgredir la dignidad de nadie…

Cito un fragmento de una Aleya:

“Al-lāh ha preparado perdón y magnífica recompensa para “los que y las que” se someten a Dios, los creyentes y las creyentes, los devotos y las devotas, los sinceros y las sinceras…”

La mujer musulmana tiene el derecho elegir si se quiere casar y con quién, también tiene derecho a recibir herencia, disponer y gestionar su propia hacienda y dinero en total libertad, si está casada no está obligada a hacerse cargo de ningún gasto económico para mantener su familia o sufragar las necesidades de su hogar a no ser que ella misma lo haga de manera voluntaria.

Sobre la indumentaria en el Islam no existe una vestimenta islámica, sino una ética del vestir, en base a esta ética se establece la moral islámica, tanto el hombre como la mujer deben cubrir una serie de  partes de su cuerpo en público, pues corresponde a una forma de entender el recato, el pudor y el decoro

Cito parte de otra Aleya:

“¡Creyentes! ¡Sed íntegros ante Al-lāh cuando pongáis con equidad! ¡Que el odio a una gente no os incite a obrar injustamente, sed justos!”

 

Trocito de otra Aleya

“Combatid por la causa de Dios contra quienes combaten contra vosotros, pero no os excedáis. Al-lāh no ama a los que se exceden.”

Igualmente Dios llama a la lucha para defender a los oprimidos y a los indefensos.

El musulmán debe de tratar a los demás de manera correcta, pues todas ellas son criaturas de Dios.

“¡Creyentes! El vino, los juegos de azar, las piedras erectas y las flechas no son sino abominación y obra del demonio ¡Alejaos, pues, de ello! Quizás así prosperéis. *El demonio quiere solo crear hostilidad y odio entre vosotros, valiéndose del vino y de los juegos de azar, e impedidos que recordéis a Dios y hagáis la zalá ¿Os abstendréis pues?”

Después de leer este libro en el que Vicente, licenciado en ciencias islámicas, transmite de forma clara las palabras del Corán dentro de un marco genérico, me queda un grato sabor de boca ya que para mí habla del respeto, el amor y el cuidado. Desconocedora totalmente del mensaje del Islam, me había dejado llevar por las valoraciones personales que salen en los noticieros, ya que tampoco tenía otros referentes, sin embargo ahora que tengo amigas musulmanas y además me he instruido un poquito puedo rectificar mi manera de valorar a cierto sector de humanos, llegando a la conclusión que en todos los pueblos y lugares hay gente que ofrece más o menos amor. Hay personitas con grandes corazones, “Gracias a   Al-lāh” en todas partes.

Gracias, Choukran

Muchas gracias, Choukran bezaf

 Desam. Ferrández

 

 

 

Encuentro con Mujeres Musulmanas, testimonio por Desam. Ferrández

Castellón, 15 de diciembre de 2015

Redacción: Desam. Ferrández

El domingo 4 de Diciembre  tuve el mejor regalo desde hace mucho tiempo,  estuve colaborando en la realización de  unos talleres muy especiales en el marco de un Encuentro de Mujeres Musulmanas en Villa-Real, gracias a la Asociación Antupainco de Castellón.

No sabía lo que me iba a encontrar ya que sólo conocía a dos de las muchachas que lo habían organizado, sin embargo decir que son bellas sería quedarme muy corta, son mujeres fuertes, valientes, preciosas y con una fe que me ablanda el corazón.

Todo salió bonito por qué no podía ser de otra manera.

Nos reciben con una gran sonrisa y un café, ya les habían hablado bien de nosotras antes del Encuentro, sin embargo siempre tienes un poco de miedo de que no salga como esperas, intentas organizarlo muy bien para que ningún cabo quede suelto, luego no haces ni caso a las “chuletas” que llevas preparadas y al final todo sale como tiene que salir, desde el corazón y con la ayuda de los ángeles.

No sé si aprenderían algo de nosotras y nuestras técnicas, sin embargo yo sí me instruí mucho de ellas, me enseñaron palabras y acciones muy hermosas.

Oré con ellas y sentí esa fe que hace mucho tiempo que no siento, desde otra religión, con unas pautas hasta ahora desconocidas por mí. Todas tienen claro que lo que hacen es lo que tienen que hacer,  amar a sus hermanas, a sus familias, y yo ahora pertenezco también a su “Clan de hermanas”, me parece taann bonitooooo.

Han calado profundamente en mi corazón.     

Cuando llegamos, era muy temprano, estaban en la cocina, el punto más cálido del albergue pues habían estado allí toda la noche, entre pastas y cuentos.

La mujer con la cocina tiene mucha empatía ya que es dónde cuecen los alimentos para sustentar a toda la familia y donde ella misma se nutre. Para mí la cocina tiene el significado de hogar, tanto de la casa cómo de la mujer, el lugar preferido donde se habla, se canta y se ama al mismo tiempo. Así es que nos permitieron entrar en su morada, poco a poco se fueron presentando quitando sus corazas o sus miedos y presentándose tal como son.

Nos disponemos a hacer el primer taller, para ello  habían elegido un lugar grande pero frío, sugerimos hacerlo en la calidez de la cocina, todas dieron su beneplácito. Empezamos con el de Técnica Metamórfica,  y durante éste no pararon de reír y parlotear en todo el rato, me recordaron películas, escenas, o incluso libros, esas en las que nos cuentan cómo mujeres corren con lobos o en “Como agua para chocolate” donde la felicidad  y dulzura de la mujer es tan patente  que se puede sentir en el aire. Nos envolvieron y nos contagiamos de ellas y de sus risas. Algunas conocían la Técnica Metamórfica o por lo menos habían oído hablar de ella, hicimos un taller práctico y fue espectacular hasta salió alguna terapia fácil, luego paramos para almorzar y recuperar las fuerzas. Continuamos con un taller de Reiki y, como el anterior, fue más que nada práctico. Salió muy hermoso pues estaban muy dispuestas a seguir nuestras instrucciones para que todas disfrutáramos sintiendo la energía del amor incondicional brotando de nuestras manos, en un ofrecimiento a la joven que estaba situada delante y, por ende, al resto.

Cuando los corazones “son” solamente puede quedar lindo.

Llegó la cocinera, nos regalaron una sabrosa comida todas juntas. Mientras preparaba la comida que aderezada con granitos de amor, nos fuimos al río para que ellas se lavaran, qué tierno seguir lavándose como en la antigüedad, como si los tiempos no cambiarán. Y aquí también seguía su cháchara y su jolgorio.

Llegó el momento de la oración, ese momento sagrado en dónde hay comunión directa con Alá, con el profeta que tanto les ha enseñado, nos preguntaron si queríamos acompañarlas y por supuesto no hubo ningún titubeo, enseguida nos dejan sus túnicas con capucha para que compartiéramos con ellas el rezo y así lo hacemos, en silencio, observando y sintiendo, ¡Cuánta fe!, ¡Cuánto amor!, ¡Cuánta sabiduría!, los cantos llenaron el lugar envolviéndonos con la devoción de las voces.

Al recordarlo se me llenan los ojos de lágrimas de emoción, ¡qué bonitas!, nos abrieron desde su hogar hasta su alma, nos llamaron “hermanas”, palabra que para mí, desde ahora, tiene otra connotación porque llega mucho más allá de la mera gráfica, llega al reconocimiento de la persona y a la entrega incondicional.

Mientras el arroz se cocía tomamos asiento y nos hablaron del Corán, continuando con mi neófito momento. Cuántas interpretaciones engañosas he tomado por buenas. Recitaban párrafos sin ni siquiera mirarlos, señal de que se lo han leído y aprendido con amor y veneración, mezclando sus propias experiencias con las escrituras.

Como me gustaron estas lindas y cantarinas mujeres, celebrando un encuentro donde se cuidaban ellas, su pensamiento y su cuerpo, dónde sólo por esta primera vez, habían dejado a sus niños con sus padres.

Agradezco enormemente haber podido participar en este encuentro, mis compañeras están tan encantadas y emocionadas como yo y sólo hay palabras de cariño hacia estas preciosas damiselas que contactaron con nosotras casi por “casualidad” ja ja ja.

Han despertado en mí una gran curiosidad, quiero saber más sobre el Islam y el Corán.

 

Cuántas veces no encuentro las palabras exactas para definir la expresión de ciertas emociones y estados, compensándolo con la salida a borbotones de montones de gotitas agolpadas para caer en forma de tobogán por mis mejillas.

Las amo hermosas féminas.

Desam. Ferrández