Comentario de EL EFECTO BIOFILIA de Clemens G. Arvay por Desam Ferrández

Castellón: 16 de diciembre de 2016

 

  • Título: El efecto biofilia, El poder curativo de los árboles y las plantas.
  • Autor: Clemens G. Arvay
  • Nº de páginas: 256 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: URANO
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788479539436

 

 

 

Clemens G. Arvay es biólogo australiano, activista, cantautor y escritor. Ediciones Urano ha publicado recientemente su obra El efecto biofilia donde Clemens nos describe el poder sanador de la naturaleza y nos deleita con unos ejercicios y meditaciones para hacer visualizando, o mejor aún, rodeados de árboles.

 

¿Qué significa el efecto biofilia?

El concepto Biofilia es originario del griego y significa literalmente “amor a la vida”.

El filósofo y psicoterapeuta Erich Fromm  definió biofilia al anhelo del hombre por convivir en la naturaleza. Es el amor del ser humano por la naturaleza, por lo viviente.

Tras la muerte de Erich Fromm el biólogo evolucionista Edward O. Wilson volvió a utilizar este concepto para plantear la hipótesis biofilia, éste se refirió a la necesidad del hombre de conectarse con el resto de seres vivos.

El hombre proviene de la naturaleza y ésta actúa sobre nosotros con la misma fuerza vital que en los animales y en las plantas, según Edward O. Wilson somos parte  de la red de la vida.

El uso de remedios con origen vegetal se utiliza desde la prehistoria, en todas las culturas se han utilizado estos remedios, hasta llegar a nuestros tiempos. Ahora la industria farmacéutica utiliza vegetales y otras sustancias para la producción de los medicamentos.

Sin embargo los estudios que nos cuentan en el libro  EL EFECTO BIOFILIA  el poder curativo de los árboles y las plantas, va más allá de lo que siempre hemos conocido.

Que las plantas se comunican entre ellas ya lo sabemos gracias a  La vida secreta de los árboles de Peter Wohlleben, pero en este libro nos dicen que las plantas se comunican directamente con nuestro sistema inmunitario, sin necesidad de tocarlas, ni de ingerirlas, eso quiere decir que para que nos curen no es preciso prepararlas en infusiones, esencias o extractos, ni tampoco en gotas o en pastillas. La monja benedictina Hildegard Von Bingen dijo que “la energía verde de las plantas nos sana a través de una comunicación biológica, que entiende nuestro sistema inmunitario y nuestro inconsciente”, sin embargo, ahora los científicos lo están demostrando con estudios a cuál de ellos más interesante.

El médico y profesor estadounidense Joel Dimsdale dice que el sistema inmunitario es la clave de la salud, “que prácticamente cualquier enfermedad no sólo en las enfermedades infecciosas o inmunitarias, sino también arteriosclerosis, cáncer y depresiones se les pueden asignar factores asociados a la respuesta inmunitaria”.

En Japón tienen una tradición llamada shinrin-yoku qué significa “baño de bosque” esto no  quiere decir que nos  bañemos en un lago rodeado de árboles, implica sumergirnos en un bosque con los cinco sentidos, los japoneses suelen traducir shinrin-yoku por “inhalar la atmósfera del bosque” hoy respirar el éter del bosque, es un método reconocido oficialmente en Japón para prevenir numerosas enfermedades utilizándolo como terapia de apoyo, además está fomentado por el sistema de salud pública.

Utilizamos los terpenos de las plantas para hacer esencias aromáticas.

En el bosque estos terpenos están libres, hay moléculas volando en el ambiente por todas partes. Son las palabras vegetales que emiten árboles, hojas, maleza, hierba y será recibida por otras plantas y animales.

Ahora imaginemos que nos adentramos en un bosque con estas palabras verdes comunicándose, con nuestro sistema inmunitario atento y comunicativo, lo que recibimos interactúa no solo con nuestro sistema inmunitario sino con órganos y cerebro.

Pero vamos más allá, ya que nuestros científicos no se conformarán con que les digamos que estamos más relajados y nos sentimos bien , ellos quieren saber cómo reacciona el sistema inmunitario y cuando llevemos un rato en el bosque nos tomará una muestra de sangre, comprobando que el número de linfocitos del sistema inmunitario ha aumentado, además que ha subido el nivel de proteínas anticancerosas, esto quiere decir que los terpenos son anticancerosos y que el bosque es como un elixir de salud que se respira.

Se han hecho numerosos estudios incluso han hecho un experimento enriqueciendo el aire de una habitación de hotel, donde un grupo de personas dormía con un atomizador cargado con terpenos anticancerígenos del bosque y curiosamente también en el hotel aumento de forma evidente el número de linfocitos, aunque no tanto como en condiciones naturales.

El doctor Qing Li ha hecho varios estudios científicos, comprobando que el efecto del éter del bosque se mantenía incluso de forma duradera, con un solo día en una zona boscosa el número de nuestros linfocitos aumenta en un promedio de casi un 40%, si estamos dos días seguidos el número de linfocitos aumenta hasta un 50%, ha demostrado que mantenemos durante siete días  más linfocitos en sangre aunque no regresemos durante estos siete días al bosque y ni siquiera es necesario correr, caminar o beber, simplemente con estar y respirar es suficiente. Así mismo ha corroborado que en las zonas donde la gente vive en las regiones boscosas, mueren menos personas de cáncer y tienen más salud.

Los psicólogos Raquel y Stephen Kaplan, profesores de Psicología medioambiental en la Universidad de Michigan, demostraron, después de entrevistar a muchos empleados de oficinas y tras muchos estudios, que los empleados que podían contemplar la naturaleza y el verde a través de sus ventanas, eran menos propensos a padecer problemas de concentración o frustración laboral, en comparación con los que no tenían vistas.

El profesor de psicología Terry Hartig de Suecia realizó investigaciones sobre turistas con mochilas, dividieron un equipo en tres grupos el primero salió de excursión por la naturaleza, el otro realizó paseos urbanos y el tercero se quedó en casa, los que habían estado en contacto con la naturaleza destacaron con gran diferencia su capacidad de concentración, esta fue más duradera, y detectaron los errores con más eficiencia que antes de salir al campo, por contra, los que habían estado en la ciudad y los que permanecieron en casa no evidenciaron mejoras a los ejercicios.

Otro hecho constatado es que el paciente del tipo que sea, ingresado en un hospital que desde su ventana ve vegetación e incluso puede dar paseos en un jardín o espacio verde, se recupera mucho antes que aquel que sigue entre los muros.

El verde tiene poder curador para todo tipo de enfermedades tanto físicas como mentales, es el apoyo perfecto a cualquier tratamiento que estemos siguiendo porque alivia los dolores y nos ayuda a sanar más deprisa, algunos psicooncólogos están realmente interesados en estos estudios. Sirve incluso para los inquietos niños aumentando su creatividad desde la apacibilidad.

Lo que nos dice Clemens al final del libro es que hasta un huerto o un jardín comunitario lo podemos utilizar para restablecer la salud, ahora imaginaros lo que un huerto propio puede hacer por nosotros, desde plantar la semilla, pasando por ver el crecimiento, hasta comernos el fruto, infinitamente fortalecedor. En el libro da consejos sobre huertos y jardines propios y también alguna historia personal sobre estos, sin embargo lo que más me ha sorprendido son los jardines para la muerte, menciona uno que está en Idaho, Estados Unidos. Me parece muy romántico ir a morir entre árboles, flores y cantos de pájaros, donde mi alma no tenga que hacer nada más que dejarse embriagar por los sentidos y pueda escuchar mis últimos suspiros, acompañados con el sonido tranquilizador del agua. Refiere que el sentido del oído es el que permanece activo por más tiempo.

 

“Como una hoja cae del árbol, así cae el hombre de su mundo. Los pájaros siguen cantando”

Matthias Claudius. “Poeta”

 

Con todo esto tenemos un buen argumento para que cuidemos nuestros bosques, para que mantengamos zonas verdes disfrutando del contacto con la naturaleza, de ahora en adelante veré los bosques con otros ojos, no sólo me relaja y me calma sus sonidos y sus silencios, también tendré la certeza de que mis células me lo agradecen y de que estoy colaborando con mi salud y mi bienestar.

Después de leer este maravilloso e instructivo libro, comprendo porque yo me siento tan bien cuando paseo por la arboleda, yo, “abrazadora vocacional”, tanto de personas como de árboles, tengo mono de verde, ahora ya sé que baja la adrenalina, hormona del estrés y sube la serotonina, hormona de la felicidad, también activa el parasimpático o “nervio del sosiego” por eso vuelvo tan relajada.

Quizás mi cuerpo me dice que necesita los valiosos terpenos y yo no entiendo sus palabras, a veces ni siquiera soy capaz de darme cuenta que necesito verde, hasta que no estoy entre la vegetación y siento la magia de la Calma. Voy a prestar atención a las señales que el cuerpo me manda y nada más pida paseo por la floresta, hacerle caso e irme a algún parque rápido, pues quizás me esté alertando de alguna posible deficiencia.

Por cierto Clemens acaba su obra dando las gracias, un gesto amable.

Gracias por la oportunidad de descubrir tanto con estas preciosas palabras.

Desam. Ferrández

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