Balance de un buen año 2018

Pensamiento compartido el 7 de enero de 2019 por Desam Ferrández

Como empezar… en realidad no sabría por donde…

Empezaré por el principio. En enero ya había tomado la decisión de irme a Paraguay, había podido saldar asuntos pendientes, desechar cosas que ya no servían para nada, romper los amarres invisibles, plantarle cara al miedo, salir de la zona de confort y el conformismo y dar un paso de gigante para cumplir mí sueño.

Me agradezco enormemente por soltar la mochila de los peros y el no soy capaz para agarrar el bolso del yo quiero y puedo.

Gracias, gracias, gracias por hacerlo posible, bendigo a esa energía de la que todos nos abastecemos, a ese sonar particular que me indicaba el camino a seguir, a esa voz que me susurraba “es ahora”, a las personas que me han apoyado, que han participado en mí cambio de vida, sus ojos brillaban cuando les contaba lo que iba a hacer, sonreían al hacerles participes de mis planes, gracias por vuestra ayuda desinteresada.

Conseguí dejar un trabajo de dieciocho años haciéndolo con amor, ese trabajo ya no me satisfacía, sin embargo me alimentaba y no solo mí cuerpo si no también mí espíritu porque con mis compañeras hay muy buena relación y buenas risas, hasta insistían en que me quedara, lo que ocurre es que ya había tomado una decisión y tuve que poner en marcha los recursos que tenía para llegar a mí fin, parece ser que el propósito de este año que acaba de terminar era conseguir ir a Paraguay y lo he conseguido ¡¡siii!!

He estado haciendo unos “botes mágicos” en los que he confiado y, cual hormiguita , he ido recogiendo euritos, los cuales estaban destinados, sin yo saberlo, a alcanzar el sueño de una cooperación humanitaria en un país lejano. Estos botes han actuado a mí favor o quizás a favor de todos, porque cuando cierras un ciclo ese beneficio abarca a más gente sin pretenderlo y sin ni siquiera planteartelo, sin pretender intervenir en el proceso de nadie, sino más bien cuando pones toda la intención en cerrar una etapa, haciéndolo con respeto y amor en beneficio de todos, sin egoísmo, con toda la humildad del mundo porque quieres que salga bonito, sin darte cuenta, influyes en las energías de otras personas y en su ciclos vitales.

El 2018 empezó bien, germinando una semillita que había plantado el año anterior, en un momento en el que parecía que iba a ser más complicado, sin embargo, todo ha sido muy fácil, el universo, otra vez, ha estado de mí parte, apoyó mi decisión y salió bonito.

Y así he podido vivir la experiencia más interesante de mí vida, aunque es cierto que en cada etapa vivimos experiencias súper interesantes y todas ellas adecuadas para cada situación. Si después de algún tropiezo y de volverme a levantar valoro esa situación, siempre sale lindo porque he aprendido algo a pesar del golpe o gracias al golpe mejor dicho, ja ja ja.

En Paraguay todo ha ido súper, el balance es totalmente positivo, una vivencia maravillosa en donde hemos recibido tanto, tanto amor que no se puede condensar en unas simples palabras.

He crecido como persona y como mujer. Estas oportunidades las pone el universo cuando estas preparada para ello y seguramente ya estaba madura para dedicar mi atención más allá de mí espacio, sin importar que se deja atrás y soltando todo tipo de apegos, para poder estar presente con todos los sentidos en lo que hago, y lo más importante no echar de menos nada de lo que dejas en otro continente.

Ha sido una gran lección vivir el presente a tope, con todos los sentidos, eso significa desde la felicidad, hasta la rabia, pasando por la impotencia en muchas ocasiones.

He aprendido a vivir y a disfrutar sin expectativas. Eso te libera del resultado y de las proyecciones. Yo ya había leído que a cada uno le llega lo que necesita en cada momento si no te pones limites e intentas manipular el resultado, pues bien, practicarlo dejando que fluyan las situaciones ha sido más que sorprendente y desde luego adecuado para todos los implicados. Cuando ves el resultado como mera observadora es ¡¡muy fuerte!! Otra cosa a la que me he dedicado es a observar tanto a los demás como a mí y mis reacciones, a escuchar el hablar de mí propio organismo, ¡guauuuu!.

Además la experiencia de vivir tiempo ininterrumpido con Jose, mí pareja, ha sido especial y desde luego positiva. Hemos tenido que trabajar los dos un poquito, porque ambos tenemos nuestras costumbres y hay veces que nuestros hábitos arraigados son difíciles de flexibilizar. Yo estoy acostumbrada a vivir sola y he tenido que aprender a compartir espacios, a implementar en mis rutinas a otro ser a mí lado que, por un lado, es gratificante por que te sientes acompañada, apoyada, valorada, mimada… y por otro, un poco abrumador. En alguna ocasión al integrar nuestras costumbres con los hábitos de ambos han saltado chispas, sin embargo, hasta esas me hacen ver como soy yo junto a la otra personita y lo que siento. La experiencia de la convivencia ha sido muy grata. Nuestro amor se potencia con cada gesto, generando luz a nuestro alrededor, aunque la verdad es que el amor de Jose con su propia luz, eclipsaba la del hogar. Nos amamos de una forma desconocida hasta ahora para mí, podemos hasta sentirnos en la distancia.

2018

Un año más que bueno, ¡espectacular diría yo!

Un año en el que me dediqué a hacer las cosas de otra manera y ¡han salido hermosas!.

Un año de aprender cosas nuevas, ¡me encanta romper la rutina!

Un año de mirar a mí alrededor con más compasión y comprensión.

Un año de utilizar el corazón con otra perspectiva.

Un año de reconocerme y encontrarme conmigo.

Un año de adquirir otros compromisos siendo más respetuosa.

Un año que ha sido así gracias ti.

Mil gracias y a por el 2019, con la misma intención e ilusión, ¡qué sea bonito!

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