Un viaje tan especial

Castellón, 18 de septiembre de 2017

Redacción: Jose Mª Escudero Ramos

 

Hace poco tuve que hacer un viaje de Madrid a Valencia, hasta el último momento no decidí el día ni el medio de trasporte que iba a utilizar. Tenía que confirmar una reunión en Valencia y dejar cerrados unos asuntos familiares en Madrid. Así que dejé fluir.

Cuando tengo todo cerrado compró el billete.

Voy a la estación, me meto en el tren…hasta ahí todo normal.

El tren es un talgo antiguo, es lo que tiene viajar buscando el mejor precio. Busco mi asiento y veo que voy al lado de una joven quien muy amablemente me deja pasar a mi asiento en ventanilla, me llama la atención los ojos azules que tiene.

He observado a lo largo de los últimos años que las personas que tienen un brillo determinado en los ojos son personas especiales…

Pregunto un par de cosas  a mi compañera de viaje, por curiosidad, si hay enchufe para el teléfono y si ponen película…me dice que no, a veces un documental u opera, de vez en cuando películas muy malas. Nos reímos. ¡Quieren fomentar la lectura!

Yo iba preparado para leer y escribir, incluso tenía mi pack de reportero, cámara, blog de notas y muchas ganas de observar. El vagón iba lleno, dos chicos extranjeros al otro lado del pasillo con unos ordenadores portátiles, una familia frente a nosotros. Jóvenes cumpliendo con su rutina, vuelta a casa, al trabajo…me encanta hacer conjeturas…inventar historias. Todo era perfecto para escribir mis historias desde el tren.

Tras las preguntas iniciales a mi compi de asiento continuamos charlando. Lo cierto es que hablar no estaba dentro de mis planes para ese viaje pero seguí “dejando fluir”.

Nos dedicamos las tres horas de viaje hablando de experiencias de vida, de Reiki, del MIR, de la medicina, de desencarnados, de la adolescencia, de mi hija.

Fue un viaje no preparado, tuvo que ser así. Ella compró el billete el día antes pues, como yo, no tenía claro como viajar, si en coche, bus…

El destino nos quiso unir en este trayecto de vida.

¿Por qué?

Porque ella tenía que escuchar mis experiencias Reiki, o mis historias sobre el trabajo energético pasando desencarnados a la luz, que realizo  con el Grupo de Jose de Valencia, o quizás yo tenía que sentir la satisfacción al ver a una chica joven con ese brillo en los ojos, con un potencial de sanar más allá de la medicina.

Sentí, percibí, que ella va a llegar lejos, muy lejos, y así será, en el mundo de la medicina integrativa. Va a romper moldes. Va sanar con y desde el corazón. Ese brillo en los ojos la delata.

Por otro lado, ella me confió un secreto sobre su vida, su adolescencia…según me lo comentaba, estaba viendo a mi hija adolescente pasando por el oscuro valle de las sombras, pisando los charcos de la zona oscura para salpicar luz, aunque los adultos no lo veamos en esos momentos, es luz lo que salpica…Y eso justo es lo que tenía que escuchar yo en ese momento.

Mi compañera de viaje me confió un bello secreto que tranquilizó mi alma y corazón pues escuché, a través de su voz narrando su experiencia, como el universo no hace nada porque sí. Que hemos de confiar y dejar fluir. Me confirmó lo que ya sabía, pero tenía que escucharlo en primera persona ahora.

Cada uno ha de vivir sus momentos, sus experiencias y pasar por cada camino que nos corresponda para reunir experiencias que nos han de marcar, que nos forman y nos hacen ser tal y como somos.

Querer vivir la vida de otros, querer que otros vivan la vida que nosotros queramos es un error, ni siquiera podemos pretender tener expectativas en nuestra propia vida…¿Para qué hacer planes si es el universo quién decide por uno?

En ese viaje viví un milagro de esos que no ves si no eres de las personas que observa las señales que nos ofrece el universo en la vida cotidiana.

Mi compañera de viaje me preguntó qué es eso del Reiki. Yo respondí, que es el “cura sana, cura sana culito de rana”, el amor incondicional de una madre, la madre Universo, que hace que todos alcancemos la paz justo en el momento en el que sentimos su mano amorosa sobre nuestra herida…y confiamos dejando hacer…

Gracias, universo, gracias compañera de viaje. Tus ojos, tus palabras y tu corazón, sanaran el mundo. Ayer sanaron el mío.