Labores contradictorias por Desam. Ferrández

Castellón, 12 de septiembre de 2017

 Escrito por Desam. Ferrández

 

Llevo tiempo cuidando unos rosales y este año he decidido no sulfatarlos, para beneficio de todos, “o eso creo” sin embargo no está sucediendo como yo tenía planeado ya que se encuentran invadidos por orugas.

Desde mi punto de vista, supongo que a los rosales no les gusta ser rociados con un producto químico y esta ha sido la razón por lo cual esta vez he decidido no sulfatar, por supuesto con mi mejor intención, ya que cuando uno hace una cosa siempre cree que hace lo mejor que  puede hacer, en beneficio de él mismo y de los que le rodean.

Pues me encuentro viviendo una incoherencia y realmente mi alma no se encuentra cómoda.

Cuido del rosal liberándolo de los insectos, para ello le  arranco las hojitas que tienen orugas, pensando que él no puede combatir el ataque, ni huir, ya que es el más débil y por tanto el que necesita ayuda; por contra las orugas sí se pueden mudar a otro lugar.

Para mí esto es una incongruencia ya que para liberar a uno, mato al otro, sintiéndome como la gigante cuidadora de rosales, que va devastando la vida de las orugas, aplicando inexorablemente la ley del más fuerte, en este caso “YO, soy la más fuerte”.

En esta etapa que vivo de veganismo, no quiero que ningún animal sea criado o sacrificado para mi propio beneficio y ahora resulta que soy yo la ejecutora y además con mis propias manos, pues esto me genera un desasosiego mental y moral.

Le pido al universo que me saque de esta tarea porque cada vez me resulta más estresante y desagradable, siento que lo estoy haciendo fatal, esto me lleva a sentirme cada vez peor, porque creo que ni siquiera es justo para nadie, ¡No quiero vivir esta injusticia!, Quiero vivir sin este tipo de sentencias y pido al universo que ponga a dichas plantas en otras manos para realizar esta tarea.

Después de pasar un mes así, debatiéndome en mis propios pensamientos… me entero de un producto inocuo.

La solución es esparcir cenizas sobre los rosales, la planta no sufre y la oruga tampoco; el insecto ya no va a rosal, supongo que no le gustara el olor de las cenizas. Último intento de apaciguar está culpa que tengo sobre mí cada vez que me encuentro en esta tesitura.

Espero estar haciendo lo correcto esta vez, sin embargo ha sido un buen aprendizaje, sentir esas emociones me hacen aprender, buscando alternativas en beneficio de todas las partes, con la mayor ecuanimidad posible.

Hacer Ho´oponopono es lo único que se me ocurre.

Perdón rosal / Perdón orugas / Perdón yo

Lo siento rosal / Lo siento orugas / Lo siento yo

Te amo rosal / Te amo orugas / Te amo yo

Gracias rosal / Gracias orugas / Gracias yo

Derramo lágrimas, responsabilizándome de mis actos y perdonándome para mejorar mi acción.

Gracias universo porque aunque sigo con la misma tarea me traes las herramientas adecuadas, espero de todo corazón hacerlo bien en esta ocasión.

Os amo