Sociedad del bienestar

Madrid, 4 de septiembre de 2017

Redacción: Jose Mª Escudero Ramos

 

Me encuentro sumido en un proceso creativo excepcional debido a la fortuna de tener a mi alrededor personas que sacan lo mejor de mí. No esperan a que posea cosas caras, no me valoran por lo que tengo. Sacan lo mejor de mi creatividad, lo mejor de mi ser para la correcta evolución de todos.

El ser humano debería de tratarse así, sacando lo mejor de nuestros prójimos, vivimos en manada pero no la defendemos, somos parte de un clan pero no nos adaptamos, no encontramos muchas veces la conformidad en las normas generales en la que está basada nuestra cultura del supuesto “primer mundo”, consumista en exceso, en el que se están menospreciando, aparentemente,  los valores básicos e inherentes al ser humano. Con las redes sociales estamos viviendo vidas ficticias, es como si creásemos una multipersonalidad del postureo.

En lugar de desarrollar el valor de la empatía o compasión, se está fomentando entre adolescentes, la sombra más allá de la luz. La sombra siempre fue muy tentadora, yo mismo he caído en sus garras, lo que ocurre es que ahora se llega antes al valle de las tentaciones. Y es que resulta que hemos adelantado tanto los ciclos desde que dejamos a los bebés con seis meses en la guardería, sin poder hablar, sin poder comunicarse ni contarnos cómo les fue el día, hasta no educar a los hijos, dejamos que los eduquen en las aulas, en los recreos, la famosa caja tonta con todas sus manipulaciones, y las redes sociales en las tablets o móviles,  mientras nosotros ofrecemos una imagen idílica de nuestra vida a través de esas mismas redes. Fomentamos el postureo sin sentido ni necesidad.

La famosa sociedad del bienestar en una coctelera de opciones agitadas, no removidas al estilo James Bond. Necesitamos adrenalina en estado puro. Necesitamos tener estímulos externos para poder llegar a ser como alguien.  Si hacen falta pilotos, hacen una película como Top Gun, se alistan un montón de personas en el ejército queriendo ser como Tom Cruise, fuerte, guapo, con moto y con la chica más guapa… y al poco tiempo se hace una guerra. Quieren que la inversión en bolsa sea accesible a todo el mundo, pues se regalan  unas acciones de telefónica a las “Matildes”; mientras estrenan Wall Street en el cine sacan una oferta pública de venta de acciones de muchas empresas, así de paso pueden privatizar las empresas estatales sin que nos demos cuenta…todos podemos ser accionistas y ganar mucho dinero fácil. Nos hacemos avariciosos.

Todos podemos irnos de vacaciones, las podemos pagar con nuestra tarjeta de crédito, ya no necesitamos tener dinero para viajar, se pagan solas las cosas, a plazos y ni te enteras…El boom inmobiliario, se compra suelo, se venden casas, más y más y más, una en la playa, otra en la montaña, una para alquilar, como inversión…la bolsa puede caer pero el ladrillo nunca…Luego se provoca una crisis y Boom…vivimos por encima de nuestras posibilidades.

¿Cuál es la sociedad del bienestar? ¿La que provoca opciones de sueños o la que confunde valores e intereses? ¿La que nos despista y desvía de nuestro centro?

Yo tengo dos cosas claras, una es que todos venimos a este mundo con un plan de vida y si nos desviamos mucho del camino, el universo nos pone en nuestro lugar a base de collejas.

La otra cosa es que todos tenemos que pasar por lo que pasamos para nuestra correcta evolución sin darnos cuenta de que todo aquello que nos afecta produce efectos en mucha más personas de las que podemos ser conscientes.

Observando tal y como está el mundo en la actualidad, leyendo e informándome fuera del circuito de noticias programadas por los “teletipos oficiales”, nada es lo que parece y una de las cosas que podemos hacer para despertar es desarrollar nuestra intuición. Tomar decisiones importantes en base a lo que digan nuestras entrañas. Hemos de tomar decisiones duras y a veces difíciles, sobre todo si tenemos hijas/hijos.

Es tremendo ver los datos de suicidio en la juventud, comprobar como cada vez los niños comienzan a beber y a drogarse antes. ¿Eso es un producto de la sociedad de bienestar?

Algo debemos estar haciendo mal en esta sociedad de los sueños rotos cuando un niño busca emborracharse con 12 años en vez de estar jugando al fútbol; en vez de jugar al “tú la pillas” se van a pillar marihuana con su paga semanal.

Desde luego que no estamos haciendo las cosas bien. Y es que los ejemplos y estímulos que reciben los niños son de lo más negativo. Desde las series Disney, las chicas Disney, la música, las películas, los mensajes subliminales, la publicidad…estamos rodeados de consumo, consumir hasta personas. Hemos de vendernos y para eso tenemos varios escaparates que usamos a la perfección. Nos hemos convertido en objetos de consumo y nos vendemos a través de escaparates virtuales.

Las redes sociales pueden servir para elevar o bajar la frecuencia de la humanidad.

Si se usan para fomentar el suicidio colectivo ¡Cuidado!. Si provocamos daño a otras personas más débiles nos podemos convertir en cómplices de un magnicidio.

Estamos acabando con la sociedad del bienestar por exceso de consumo.

Es hora de pasar a la sociedad espiritual. Elige la opción que más te satisfaga dentro de este supermercado espiritual, lee, aprende, asimila y olvida lo que has aprendido. Una vez que tengas integrado todo lo necesario se formara tu propia idea y teoría.

Despertemos la curiosidad, el espíritu crítico. Desconfía si eso te va a servir para tener más fe. ¿En qué?¿En quién? Comencemos por tener más fe en nosotros mismos.

Usemos las herramientas que tenemos para cambiar nuestra relación con la sociedad de consumo y valoremos qué es exactamente lo que necesitamos para ser felices. Y lo más importante, enseñemos a las futuras generaciones que la sociedad del bienestar comienza con estar bien con nosotros mismos, sin extras, sin artificios, sin postureos. Siendo tal cuál somos…aunque ahora que recuerdo, la adolescencia es esa época en la vida en la que no sabes lo que quieres, vas en contra de todo y nada te satisface…hemos de pasar también por ahí, también eso pasara, y el universo nos dará las collejas necesarias para espabilar y que espabilen nuestros hijos adolescentes.

Pero no dejemos toda la responsabilidad en el universo, en los colegios, institutos, universidades, o en el prójimo, sea quienes sean…Prestemos un poco más de atención, observemos… cualquier comportamiento anormal puede ser indicio de algo que va más allá de una rebeldía adolescente.

Dejemos de usar los medios que hacen que nos despistemos y pongamos atención en lo más preciado que tenemos, la vida real, no la virtual. Las generaciones que forman la adolescencia actual, y las siguientes, son seres con un potencial de luz bestial. Los “seres de la sombra” lo saben, por eso ese esfuerzo en apagar su luz, porque ellos saben, insisto, su potencial.

Nuestro deber es fomentar la luz de esas generaciones para que acaben con la sombra, aunque a veces se haga más grande.

Se trata de la incidencia de la luz en nuestras realidades lo que proyecta las sombras.

Apaguemos los móviles, las televisiones, las radios, las noticias negativas y miremos de una vez a los ojos de nuevo. A ver de qué color está tu alma hoy.