El poder de las palabras, Editorial de Julio 2017

El poder de las palabras

Madrid, 4 de julio de 2017

Siempre que me reúno en grupos de debate me gusta observar la manera en la que fluyen las conversaciones, el énfasis en las palabras, los silencios, la forma de debatir, quién escucha, quién se impone alzando la voz. Me ayuda a verme reflejado en cada una de las partes y a poco que ponga intención, podré ir mejorando la escucha activa y el habla amorosa.

Me encanta cuando intentamos imponer nuestra razón, como si fuese la única correcta. Frases como por ejemplo “Porque todos sabemos que el cielo es azul” como si todos diésemos por válido que el cielo es de un solo color, me hacen plantearme mi forma de rebatir argumentos o si vale la pena rebatirlos.

Hay muchas formas de manipulación y en muchas ocasiones con la palabra estamos dirigiendo el pensamiento, la respuesta, e incluso condicionando actitudes.

Hace poco, una amiga periodista me acompañó a hacer una entrevista a una directora de cine documental. Cuando terminé me dio un consejo. Escucha más y no opines, tu opinión tras la respuesta condiciona la siguiente respuesta y no es una conversación como tal, podría serlo si el formato de la entrevista fuera “conversando con…” (formato que usamos en Revista IMO) pero cuando intentas conocer el motivo por el que una persona hace cine documental no puedes añadir “pues yo lo haría por” porque esa sería la entrevista que me haría a mí no a una directora de cine.

En una conversación solemos mantener la actitud de defensa, sobre todo cuando intentamos demostrar ciertos conocimientos. Si queremos mantener conversaciones para crecer hemos de tener la mente abierta como para escuchar amorosamente, sabiendo que del interlocutor podremos aprender algo, humildad para reconocer que podemos estar equivocados.

Lo que hoy sé podría ser rebatido por mí mismo por lo que sabré mañana.

Mis verdades no cambian, se actualizan. Mi realidad como adolescente no tiene nada que ver con la de ahora con 50 años…y cuando era adolescente me comía el mundo a bocados…Yo era el que Siempre Tenía la Razón…cuan equivocado estaba…

Se aprende más sabiendo escuchar que soltando categorizaciones que se tambalean sin base alguna.

Recuerdo una vez que estábamos en una comida familiar, mi tío estaba escuchando a los tres hermanos debatir apasionadamente, no importa que tema. De pronto, nuestro tio dice “Me maravilla la capacidad de dialéctica de los Escudero. Los tres decís argumentos tan seguros de vosotros mismos que todos convencéis, no tanto por el argumento como por la forma de debatirlo”. Fue todo un piropo para la familia en ese momento.

Ahora, con el paso del tiempo, observo que esa forma de dialogo fue fomentada por mis padres, por la lectura, por las ganas de aprender, quizás hubiese un poco de competitividad, es muy posible. Tres hermanos siempre peleando por destacar, por brillar con luz propia. Ahora, justo hoy, veo que la luz con la que brillamos es la luz de la familia unida por un debate, una conversación…por el poder de las palabras. Es mi pensamiento de hoy, pero me queda tanto por aprender…

Jose Mª Escudero Ramos, editor de Revista IMO