La muerte

La muerte, ese final seguro del cual nadie se escapa y al que nadie quiere llegar, representado tanto por una dama blanca como por una calavera con una guadaña.

Es curioso cómo se monta un jolgorio por un nacimiento y en un funeral solo hay tristeza, es un poco incoherente, venimos a esta vida como una mota de conciencia que encarna en una forma humana, para luego vivir una experiencia terrestre, al final desencarnamos y volvemos al planodel cual vinimos, entonces ¿Por qué no hacemos una fiesta para celebrar que esa personita consiguió su propósito?

El fallecimiento es la única certeza que tenemos al nacer, después de nueve meses, más o menos, de gestación, nacemos, después de unos años de vida, morimos, entonces ¿Por qué tanta desesperación vivida por los que se quedan en la tierra? ¿Por qué tanto apego al difunto?

Pues sucede esto porque no nos educan a morir, no nos educan a ver en este acto, otro más del cual el cuerpo se encargará de hacer maravillosamente, como todos los demás actos a los que estamos acostumbrados a ver y que el cuerpo hace sin ningún esfuerzo.

Otro motivo es porque es tabú hablar de ella. La mayoría de personas no quiere hablar del tema, no sea que al mencionarla venga la dama antes de hora. Cosa que dudo, porque como si ya estuviera escrito moriremos al final de nuestros días.

Miremos la muerte desde otro punto de vista, y si esta fuera la recompensa tras el juego bien realizado, o incluso el final de una partida ganada… ya no la veríamos tan terrible.

Si en lugar de decirnos que si nos portamos mal iremos al infierno, o cuidado que hay un juicio final, nos dijeran que al morir obtenemos la recompensa de estar con seres de alta vibración amorosa, seguro que no tendríamos tanto temor a dar el paso de soltar el cuerpo y haríamos como los indios, en alguna cultura de indígenas, se van a la montaña para dar el paso de soltar el cuerpo y pasar al otro plano, en pleno contacto con uno mismo, esto me parece muy hermoso, aunque en nuestra cultura no se practique.

Yo me crie en la fomentación del miedo y la prohibición a todo, claro está, hablar de la muerte prohibido también, hasta que murió mi padre y entonces me lo comí todo con patatas y además esperaban de mí, que hiciera lo correcto, tenía que saber cómo actuar y por supuesto conocerme el protocolo de la buena conducta en un evento que me venía más que grande. Lo hice como supe y salió como tenía que salir, pero yo quedé  tocada casi de muerte, fueron años de negación e ira hacia muchas cosas. Noches enteras pidiendo que solo fuera una pesadilla, pero no lo era, era la cruel realidad.

De estas noches de silencio, ocultando las lágrimas y la desazón, porque me metí en la cama del cadáver, para suplir lo que su pareja necesitaba, pero eso sí, sin palabras, ya que seguía estando prohibido hablar de qué pasa después de la muerte, pues existía el peligro de que se nos cayera el muro de protección y arrastrar con él un corazón que ya estaba herido de gravedad, salió mi técnica personal de dormir pase lo que pase en mi interior, después de noches de práctica conseguí dejar de escuchar a la mente y ver solo un punto negro, en el me concentraba y desaparecía todo lo de alrededor, el punto crecía, me envolvía hasta queal final solo estábamos él y yo, nada más, ni pensamientos, ni sentimientos, solo la oscuridad en la cual me refugiaba para encontrar la calma, que mi cuerpo necesitaba para desconectar las pilas y poder descansar.

El tiempo me hizo cambiar de casa, de cama y de pareja, pero el silencio, las lágrimas y la desazón no me abandonaron, la herida seguía abierta, en ese momento era yo la que no quería hablar, no sabía ni cómo, ni qué decir. Me puse mi disfraz favorito, con una gran máscara, para que se viera solo una cara alegre por fuera y nadie pudiera llegar a mi corazón lastimado, con lágrimas eternas y noches oscuras, aparentando una mujer afable, pero que era capaz de sacar las garras rápidamente si intuía algún tipo de invasión u agresión.

Ahora sé que el clan completo necesitábamos ayuda para realizar el duelo como nos merecemos. La rabia y el resentimiento no son buena compañía, la suerte es que soy tozuda y fuerte como una mula, conseguí salir reforzada y empoderada, metí la pena, la culpa y algo más en un frasco, guardándolo en mi corazón, para esperar al momento adecuado y poder liberarlo. Hacerlo así no fue por coherencia sino por ignorancia.

Los años pasaban y yo seguía deambulando, sintiendo un peso que no comprendía, siempre en la superficie, hasta que empecé a conocer y estudiar algunas terapias, entonces fue como abrir la caja de Pandora. Al abrirla me tuve que retirar, ya que había más porquería de la que yo era consciente que poseía, puesto que el frasco se había infectado saliendo de él sapos y culebras. Era el momento para empezar a trabajar, por mucho vértigo que me diera, me armé de valor y utilizando cuarzos, meditación y reiki empecé a sanar y liberar todas esas emociones bloqueadas. Me hicieron falta muchas sesiones de conexión con mi interior, para ir deshaciendo la gran maraña que me había formado, sola…o mejor dicho conmigo, con lágrimas…fui soltando a mi ritmo, hasta que un día el perdón, la comprensión y la gratitud me inundaron. A partir de ahí todo fue saliendo con amor, contacté con mi padre a través de un reiki, le hablé, me habló, nos miramos, me miró como solo él me miraba, con tanto amor en sus ojos que parecía que sus pupilas se fuesen a deshacer, entonces comprendí que los dos estábamos en el lugar adecuado. Luego en varias ocasiones más he contactado con él, para hacer algún otro trabajo, le he dicho cuanto lo amo, lo orgullosa que estoy de haberlo tenido como padre y lo agradecida que estoy por el amor que me ha profesado. En alguna ocasión y sin mi intención lo he visto y mantiene esa mirada desbordante de amor que derrite mi corazón. Ese corazón por fin liberado de todo lo que escondí, brilla sin mascara, se cayó el disfraz que durante tantos años me sirvió para pasar desapercibida y ahora vive libre, feliz, sin culpa, sin rencor, con amor, con ese amor que se va cultivando poco a poco, pues la vida es tan maravillosa, que solo se puede ver desde el amor.

Gracias a esto valoro la muerte de otra manera, sin miedo al tránsito, ya que es algo ineludible mejor hacerlo con una sonrisa y buen talante que con miedo y apego.

Además es la META.

A veces pienso…si me muriera ahora mismo ¿Significaría que lo que vine a aprender, ya lo he aprendido? Esa pregunta se queda sin responder, ya que hay varias posibilidades.

Artículo escrito por Desam. Ferrández